Tradición en el corazón de Carballo

CARBALLO

Recién casados, Justo Lema y Marina García abrieron frente a la plaza del Concello un negocio por el que ya han pasado tres generaciones de carballeses

07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Justo Lema y su esposa están convencidos de que, a pesar de la competencia feroz de las grandes superficies, los pequeños negocios de alimentación tienen futuro. El secreto, dicen, es «traballar, traballar e traballar». Saben bien de lo que hablan, porque trabajar, y muy duro, es, precisamente, lo que que ellos han hecho durante casi 50 años.

Llegaron a Carballo en 1962, recién casados, siendo apenas unos chavales (ella tenía solo 19 años), y se embarcaron en la aventura del negocio de la alimentación, un sector del que, reconocen, no sabían absolutamente nada. «Eu non sabía nin usar a balanza», recuerda hoy con humor Marina.

No sabían, pero no cabe duda de que aprendieron rápido. Al principio, literalmente, vivían en el negocio, en la parte trasera del local, donde también nació Marimar. Por eso, para ella, ayudar a sus padres siempre fue algo natural. «De pequena xa me gustaba, para min era o mellor xogo», explica. Y ese amor por el negocio familiar también lo ha heredado su hija, Paula, que no duda en echar una mano cuando sale del cole y los clientes se acumulan al otro lado del mostrado. «Me encanta, es muy divertido», dice la joven.

Alimentación Justo Lema es un lugar mítico, de los que creció con el bum de la emigración y despiertan recuerdos de la infancia entre los carballeses, que rememoran con nostalgia los bocadillos que se comían en el parque de la plaza do Concello o las chucherías que compraban en el establecimiento cuando ni siquiera podían mirar por encima del mostrador. «Os nenos que estaban internos no colexio de Pallas viñan aquí pola merenda, pero agora os costumes cambiaron e xa non se venden bocadillos», cuenta Marina. No hacen bocadillos como antaño, pero los vecinos de Carballo siguen acudiendo al establecimiento para comprar embutido, y los jamones que pueden encontrarse en Justo Lema son los más famosos de la capital de Bergantiños. «Temos produtos de moita calidade, todo moi fresco», explica Marimar con orgullo.

La calidad ha sido, precisamente, el segundo ingrediente de la clave del éxito. Y fue precisamente el afán de ofrecer lo mejor lo que les llevó, hace justo un año, a reformar por completo el establecimiento. «Ahora es como una tienda de delicatesen», dice una clienta, mientras elige un buen trozo de membrillo casero. «O cambio foi tan grande que moitos clientes de toda a vida pensaron que cambiara de mans e non se atrevían a entrar, tiña que saír á rúa e convencerlles», recuerda Marina. No le costó, porque aquellos que entran en Alimentación Justo Lema lo hacen buscando lo que no encuentran en las grandes superficies. «Por aquí pasaron xa tres xeracións de carballeses», confirma el fundador, quien, pese a estar ya jubilado, no puede evitar visitar el establecimiento a diario. Su mujer ni siquiera se plantea dejarlo. «O comercio dáme a vida, encántame estar cos clientes, falar con eles», explica.

Y es que el trato personal es el tercer secreto de la familia Lema García. «Os clientes contan moitas cousas, toda a súa vida, pero dende pequena ensináronme que o que se contaba no comercio non podía saír del», dice Marimar, que sigue aplicando esos tres secretos del éxito que tan bien le enseñaron sus padres: trabajo, calidad y trato personal. «E honradez, moita honradez», añade Marina. Una fórmula perfecta que Alimentación Justo Lema ha seguido al pie de la letra.