El paraíso de los golosos

CARBALLO

Luis Fuentes, su esposa y sus tres hijas están al frente de un tradicional negocio pastelero que relevó a la mítica cafetería-pastelería Flor de té de Carballo

06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Debe de ser muy difícil, casi imposible, encontrar a algún carballés que no haya celebrado algún cumpleaños o alguna fecha especial endulzándose la boca con los pasteles de la Dulcería San Luis.

Es realmente improbable que no hayan probado su famoso pastelón, su mazapán navideño o su sabroso roscón de Reyes. Cuesta creer que de niños no pidiesen unas monedas para entrar corriendo en el negocio y elegir cualquiera de los pasteles hoy que cocinan a diario con el mismo cariño con el que Luis Fuentes y María del Carmen Garrido empezaron hace ya 20 años. Ellos, sin embargo, no fueron pioneros en el arte de convertir harina, el azúcar y las cremas en los postres más deseados. Por delante, dos generaciones más, la del abuelo y la del padre de Luis, los encargados de poner en marcha la tradición pastelera de la familia Fuentes.

El bisabuelo de Vanesa, Alejandra y María fue el que inauguró la pastelería La Castellana, haciendo un homenaje con el nombre al origen de la familia, y un poco más tarde abrió, en la plaza del Concello de Carballo, las cafeterías-dulcerías Flor de té y Jardín, dos míticos establecimientos que eran una parada obligada en las tardes de frío y que los carballeses más jóvenes quizás no recuerden, pero sí sus padres y sus abuelos. Los mismos que, tal vez, le pusieron el apodo a la familia Fuentes. «Nos llaman los Perrechudos , porque el bisabuelo vendía churros a una perra», explica Vanesa, la mayor de las hermanas Fuentes Garrido, a la que el mote, a pesar de su dulce origen, no le hace ninguna gracia.

Flor de té permaneció en una de las esquinas más concurridas de la plaza do Concello hasta hace unos veinte años. Fue entonces cuando Luis Fuentes Pereira cogió oficialmente el relevo y fundó la dulcería actual, ahora situada en la calle Concepción Arenal, aunque durante un tiempo estuvo muy cerca, en la Valle Inclán. Siempre cerca del centro neurálgico de la capital de Bergantiños.

En la San Luis trabajan las tres hermanas Fuentes desde que eran unas niñas. Aprendieron el oficio jugando entre el mostrador y el obrador, correteando entre sus padres y los clientes, pero también realizando cursos especializados de pastelería. María, la más joven, continúa con los estudios, así que echa una mano los fines de semana, cuando el negocio está a rebosar de clientes. «Solo descansamos los lunes», explica Vanesa, a quien cuando comenzó en serio le costó adaptarse al horario pastelero. «No es fácil levantarse a las tres o a las cuatro de la mañana para trabajar», explica. Pero no se queja. A ella, como a sus padres y sus hermanas, le encanta el negocio. Y, aunque parezca mentira, también los pasteles. Vive rodeada de ellos y no los aborrece, al contrario. «Somos todos muy golosos y a veces nos cuesta controlarnos», cuenta.

La cuarta generación es feliz en la dulcería y la quinta, el pequeño Luis, que aún no ha cumplido un año, también apunta maneras. «Será pastelero», dicen con orgullo.