Las grandes empresas se han comido el terreno de los artesanos en muchos oficios. En el de la fabricación de ataúdes, puede que también. No obstante, en Carballo, sigue funcionando la fábrica de atáudes de Pompas Fúnebres de Bergantiños, empresa que gestiona Manuel Pombo. Trabajan en ella Antonio Gómez Rodríguez y Domingo Antonio García Fuentes, aunque de vez en cuando cuentan con algún ayudante.
En el taller se completa todo el proceso: desde la madera pura hasta el féretro totalmente acabado y tapizado. De los primeros pasos se encarga Antonio Gómez: «Eu corto a madeira, logo encolo as táboas. Ata que a caixa queda lista para barnizar». Trabaja en ello desde hace unos 20 años y, antes de trabajar en esto, también era carpintero. Explica que no se puede calcular cuanto lleva construir cada ataúd, aunque, aproximadamente, unos dos días. Al mes pueden hacer 10 o 15, pero no se dedican siempre a su construcción. Tal y como apunta Domingo, «cando non temos que estar no tanatorio vimos para aquí».
En el almacén del taller se puden ver algunos féretros acumuladas, aunque, construirlas así artesanalmente, apenas puede resultar rentable en estos tiempos. Son muchas las personas que necesitan estos servicios. Señalaba Pombo que, en un año, pueden pasar unos 600 cadáveres por sus instalaciones, de ahí que la demanda supere la oferta y también sea necesario recurrir a las compradas.
Después de Antonio Gómez, Domingo Antonio García, hace ya unos 40 años, se encarga del barnizado y tapizado. Antes, «a pelo», pero las cosas han cambiado y ahora tienen cámara de barniz. También él cuenta que es un largo proceso, artesano al cien por cien: «A madeira é de pino do país e logo tamén hai que ter en conta todo, o alisado, o tinte directo, o produto que se lle ha de botar para que non se fastidie, o barniz, o tapizado... ten moito procedemento». De la fábrica de Carballo salen tres modelos diferentes. Se usan las medidas de 1,80, 1,90 y 2 metros de largo. Generalmente, de cabecera 58 centímetros y 44 de pie. No obstante, se puede adaptar. Es la ventaja de lo artesano, como las coronas que Carlos confeccionaba en Baio.