«Primeiro fixen só unha no taller, pero empezáronme a gustar e seguín»

CARBALLO

Ha confeccionado centenares de caricaturas con alambre, chapa y pintura inspirándose en los dibujos de Siro López

28 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Evaristo Fuentes López tiene 86 años y vive en Baio, donde su hija, con la corrrespondiente ayuda, regenta el bar Buenos Aires (calle Mestre Platas, en la intersección con la travesía AC-552). Empezó a trabajar con 14 años como cantero, pero luego llegaría la carpintería, a los 16. Estuvo «loitando por aí» ata que puso en marcha su propio taller. Primero, «faciamos de todo», pero después se dedicaron a las carrocerías. Fueron épocas duras, vistas desde la comodidad de hoy en día, pero Evaristo apunta, sin dudar: «Eran tempos saudables, iamos polas pozas, pero iamos contentos». Las cosas han cambiado mucho. Desde esas épocas primerizas hasta hoy han transcurrido decenas de años y toda una vida laboral, de esfuerzo constante. Baio, sin ir más lejos, se ha transformado: «Eu caseime no 1955 e naquel entón, dende a ponte ata a Cacharosa só había cinco casiñas e mira como está agora», recuerda. A los 65 años llegó el tiempo de jubilarse y, entonces, comenzó a desarrollar la afición que hoy lo hace, si cabe, más interesante. Fuentes López empezó a reproducir en «alambre e chapa barnizada» las caricaturas de Siro López -humorista, pintor, dibujante y, además, escritor- que ilustraban La Voz de Galicia. «Eu de pintar en papel non entendo nada», dice, pero, de lo otro, sí, y mucho. Prueba de ello son las muchas que ya ha creado: «Non sei cantas haberá, pero hai moitas. Primeiro fixen só unha no taller, pero empezáronme a gustar e seguín». Las que se ven en la imagen son una mínima parte: José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar, Felipe González, Camilo José Cela, Francisco Franco, José Luis Baltar y muchos otros, además de personalidades que marcaron la trayectoria de Baio, su tierra natal, como Astray Vidal o Labarta Pose. «Aquí hai de todo, e de todos os partidos», dicen Evaristo sonriendo. Es un trabajo de paciencia, aunque a él, confeccionar cada una, no le solía llevar más de una tarde: «Hai que pasala do periódico ao tamaño que se queira e despois moldear cada alambre, soldalo e finalmente pintalo». Han pasado ya más de 20 años desde su jubilación y el tiempo ha sido prolífico en sus creaciones, pero «agora xa non fago. Retireime porque se retirou Siro, senón podería seguir facendo». Tiene los achaques propios de su edad, una «válvula que non quere funcionar», pero Evaristo es de los que «nunca podía estar quieto». Ahora, dice, «teño que estalo por obrigación». Sus obras han despertado admiración a lo largo de los años. «Xa veu máis xente da que vén, incluso algún de fóra», reconoce, pero lo cierto es que, también, hubo gente interesada en comprar algunos de sus trabajos. «Mandei para Buenos Aires unhas cuantas, para xente que está no Centro Gallego e penso que aínda han de estar alí expostas». Para el ámbito más local, alguna ha hecho también. No obstante, lo suyo foi por «pasar o tempo. Non me dediquei a isto nin teño interese en vendelo. Se algún día queren regalalas para telas expostas aquí en Baio, ben, e se non... sabe Dios». De momento, no hay quien tome el relevo de este caricaturista en alambre y chapa, pero sus obras quedarán para la posteridad. «Por dúas ou tres veces presteinas para unha exposición aquí en Baio». Por ejemplo, para la organizada por la asociación cultural Adro en el 1995. El propio Siro López tiene conocimiento de su trabajo y tomó parte en él. Hace algún tiempo, Evaristo le envío la fotografía de sus padres para que el artista se la transformase en caricatura. Así lo hizo y, de paso, le envió la suya propia. El proceso culminó con la reproducción en alambre y chapa, hoy enmarcada en cuadro y visible en el Buenos Aires. A Evaristo le gustaría que López visitase Baio y, por el momento, «invitado está». «Os mundos, agora mesmo non van ben de todo», pero para el arte siempre habrá un hueco.