«El golf sirve para la cohesión social»

CARBALLO

Empresario, licenciado en Derecho, agente de la propiedad inmobiliaria, hace ocho años apostó por un deporte arriesgado en Vilela y le salió bien

19 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

No hay que confundir deporte arriesgado con deporte de riesgo. No es probable que nadie lo haga, pero por si acaso. Practicar el golf no es como subir montañas, pero montar un campo de juego hace casi una década en la zona rural carballesa, en una comarca en la que no había tradición ni (supuestamente) interés, parecía de lo más arriesgado. «No, no fue fácil. La gente lo veía como una extravagancia, una excentricidad, al margen de los prejuicios que se solían asociar a este deporte, pero al final ha salido bien».

Quien así se expresa es su responsable (junto a su mujer Marta), José Manuel Barca, volcado de lleno en su proyecto empresarial, tras haber dejado su trabajo como agente de la propiedad inmobiliaria. De su apuesta clara por el proyecto nació hace ocho años, en Vilela, el campo de Golpe, que con el tiempo ha ido creciendo. No en superficie («tenemos cinco hectáreas muy bien aprovechadas») sino en oferta lúdica. Además de los hoyos y los recorridos, que son lo principal, hay tiro con arco, pádel, tirolinas, coches y barcos de control remoto, juegos populares y paint-ball . Y un restaurante, para que el disfrute de la naturaleza sea completo, sin salir del recinto, además de senderos ornitológicos y botánicos pensados para las actividades de los concellos, destinadas sobre todo a niños.

Para llegar hasta lo de Vilela, hace falta primero empezar con su ocupación anterior, que José Manuel compatibilizó durante unos años: la de agente de la propiedad inmobiliaria. Llegó a ella tras acabar Derecho y regresar a Carballo, su lugar natal, un sitio que le gustaba para establecerse. Parecía lógico que se decantase por la abogacía, pero no: «El sistema judicial español es un elemento desestabilizador, burocratizado y lento. Y si la Justicia es lenta, no es justa». Así que miró hacia la rama inmobiliaria, cuando no había llegado el bum ni, mucho menos, la crisis. Eran tiempos normales. Era 1995, le gustó y en ello estuvo hasta el año pasado, cuando lo dejó definitivamente.

Barca se implicó a fondo. Incluso creó «la primera y única guía» inmobiliaria de la comarca de Bergantiños. Con la experiencia, vio que algunos mecanismos de control empezaban a fallar en el sistema. «Los pocos que había, se suprimieron, y eso provocó que el sentido común fuese al final el menor de los sentidos. Era trabajar a corto plazo, y al gigante se le empezaron a ver sus pies de barro». Uno de ellos fue eliminar la titulación para ejercer. «Fue un error, dejaron de estar regularizados los honorarios. En los bancos también hubo descontrol, porque pasaron de darte el 80% de la hipoteca a más del 100%. Lo fácil ahora es echarle la culpa de todo al promotor, pero yo conocí a alguno que actuaba honestamente y con ganancias razonables».

Un refugio

Viéndolas venir, decidió buscarse un «refugio». Y fue ahí donde llegó el golf. «Si todos se tiraban al ladrillo, pensé que el futuro estaba en la naturaleza». En un negocio respetuoso con el medio ambiente, que invirtiese el proceso de abandono del medio rural. Esta fue una de las razones de su opción, pero hubo más: «Mis aspiraciones de contacto con la naturaleza, por un lado. Por otro, como trabajo me parecía interesante, porque era buscar el disfrute de los demás, y eso no tiene precio, es muy gratificante».

Esa era la parte buena. La mala, las dificultades iniciales, «y unas connotaciones negativas que no tenían fundamento. Decían que el golf era para jubilados. ¡Pues si pueden ellos, puede todo el mundo! Eso es una ventaja». También decían (y se dice) que es elitista. Él lo niega. «No lo es, El golf sirve para la cohesión social. Van al campo a jugar empresarios poderosos, trabajadores, parados, de todo tipo. Y se juntan por afinidades personales, no por su capacidad económica. Esto lo veo todos los días».

Hay otro estereotipo: es caro. «El problema es la inversión, porque montar un recinto de este tipo, aunque sea pequeño (el pitch es al golf grande como el fútbol sala al fútbol, más o menos) tiene un coste, pero los precios ahora son reducidos y asequibles». Pone como ejemplo que una familia de cuatro miembros puede jugar pagando al mes a partir de 50 euros en total.

Así que, frente a todas esas dificultades, a la que se podría añadir que ni él mismo sabía nada de ese deporte, se echó para delante y decidió levantar el proyecto. Más problemas: un constructor especializado rehusó al principio, porque no lo veía factible. El ejemplo es Cataluña, donde ya existían varios de estas características, terminó por convencerlo. Y lo montó.

Así hasta hoy, con la oferta ya citada que ha ido creciendo. Y con actividades interesantes como las destinadas a los niños, con viajes organizados por los concellos en las que los chavales se van turnando por grupos de diez, y así se les va el día. Casi todos los de Bergantiños están participando, y también otros de fuera, como A Coruña, Culleredo, Arteixo o Betanzos. Curiosamente, el que no participa es el de Carballo. También intentó poner en marcha una escuela deportiva municipal, pero de nuevo sin resultados positivos. Lo dice de otro modo, pero al final viene a ser aquello de no ser profeta en su tierra.

La mayoría de sus clientes son de la zona, sobre todo de Carballo y A Laracha, pero también de otros concellos próximos. Si hay que encontrar un perfil tipo, señala que se encuentra en «las personas de mediana edad y las familias».