Sor María Teresa Andrade Pérez nació en Langueirón (Ponteceso) en 1949, aunque pasó casi toda su vida en Malawi como misionera. Allí luchó por erradicar la desnutrición o la malaria, males que todavía afectan al continente africano.
-¿Por qué se hizo misionera?
-En 1968 comencé a trabajar en lo que actualmente se llama Materno Infantil de A Coruña y conocí a unas religiosas, las Misioneras de María Mediadora. Posteriormente me fui a Ávila para hacer el noviciado.
-¿En cuántos lugares vivió antes de establecerse en Malawi?
- En 1977 terminé Enfermería, y hasta 1984 estuve en una guardería rural de A Ramallosa. De ahí viajé a Madrid para estudiar medicina tropical y, tras un año, me fui a Londres para aprender inglés. En 1986 me marché a África.
-¿Cómo fueron los primeros años en Malawi?
-Llegar a Malawi ya fue una odisea. Tardamos cinco días. Fueron años muy duros. No sabía el idioma local. Había un hospital sin médicos y cada día se morían cinco o seis niños de sarampión o desnutrición, aunque con el tiempo aumentaron los enfermos de sida. Actualmente ronda el 40%.
-¿Cuál es el cometido de un misionero en África?
-La gente piensa que el misionero va con la tirita y la mercromina. Pero es más que eso, vamos con cariño, amor y esperanza para ayudar a la gente y llevamos fraternidad universal que solo se puede dar desde Dios.
-¿Qué función desempeña actualmente?
-Me han destinado a Madrid para prestar servicio al gobierno general de la congregación durante seis años. Mi trabajo consiste en asesorar a nivel interno a las religiosas de diferentes países. Visitamos a nuestras hermanas y las misiones que dirigen en la India, África, Honduras, Ecuador, Colombia y demás países, y para ayudar a todos sus proyectos de desarrollo, hemos creado la Fundación Esteban González Vigil, formada por gente voluntaria.