Una unión nada artificial

Gabriela Ruiz

CARBALLO

El tatarabuelo de Nicolás fue el primero en adentrarse, en 1890, en el oficio piorotécnico. Hoy sus dos hijos han tomado el relevo de Rocha-Areas

19 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La historia pirotécnica de Nicolás comenzó cuando era apenas un adolescente y su padre le dio la primera mecha. Tenía entonces 16 años. Ahora, con 50, ya no recuerda la cantidad de fuegos artificiales con los que ha iluminado y llenado de ruido cielos de toda Galicia y del norte de España.

Nicolás, que en la actualidad dirige la compañía Rocha-Areas, con sede en el Concello de Paderne, cuenta que la profesión que les ha enseñado a sus hijos Rafael y Fernando lleva en la familia desde 1890. Más de cien años y cuatro generaciones dedicadas a la fabricación y venta de fuegos artificiales, así como a su disparo y su transporte. Con tanta historia a sus espaldas raro es el pueblo de la Costa da Morte en el que los fuegos de Rocha-Areas no hayan iluminado el cielo.

Todo comenzó con el tatarabuelo de Nicolás, al que unos vecinos le enseñaron el oficio. A este le gustó y pronto comprendió que era algo que estaba hecho para él. Después lo aprendió su hijo, y de su hijo, su nieto, hasta llegar a nuestros tiempos, en los que la empresa ha crecido espectacularmente. En palabras de Nicolás, «no es un negocio que haya cambiado mucho, hay cosas que siguen igual, pero evidentemente sí se nota una evolución. Antiguamente la pólvora se cargaba a mano en los tubos. Ahora tenemos máquinas para eso, y los grandes disparos se hacen por ordenador». Nuevas tecnologías para un arte milenario nacido en China.

La empresa pirotécnica Areas, S.?L. nació con una única fábrica en Paderne, donde actualmente tiene su domicilio social y donde vive toda la familia. La fuerte demanda de trabajo, que mantienen desde hace décadas, la convirtió en la firma más fuerte en el sector, y ha tenido como consecuencia la compra de la otra grande en Galicia, Pirotécnica Rocha y la unificación de sus nombres.

Nicolás comenta entre risas que están tan cargados de trabajo que no echaría en falta a un par de clientes menos. La carga de trabajo es tal, explica, que hoy en día la suya ya no es del todo una empresa familiar, como cuando su abuelo y su padre la dirigían, porque ahora tiene a sus órdenes a ocho empleados.

Rafael y Fernando, los dos hijos de Nicolás Castro y María del Carmen Deive, continúan los pasos de sus padres. Fernando está en el taller y Rafael es el encargado del diseño de los disparos. «Se trata de una profesión muy bonita pero que absorbe todo el tiempo», comenta Nicolás. Y añade con morriña: «Cuando tenía 25 años y mi padre me ordenaba cosas yo no lo comprendía; ahora sucede al revés, yo soy quien ordena».

Montar un espectáculo requiere tener los cinco sentidos alerta para evitar errores humanos, aunque otros, como el sucedido en la fábrica de Areas hace dos años, donde explotaron dos almacenes, no haya manera de evitarlos, ni explicarlos. «Yo a los cuatro años veía pólvora frente a mí, igual que mis hijos; por esa razón no tenemos miedo a los accidentes. Otra cosa es lo que no tiene razón de ser», dice.

Los fuegos artificiales en Galicia se consideran un elemento imprescindible en la mayoría de celebraciones: palmeras, sauces, lentejuelas de colores y paracaídas son un básico que puede hacer que el presupuesto de una fiesta ascienda entre 4.000 y 80.000 euros. Nicolás cuenta que los espectáculos que más le enorgullecieron fueron la batalla naval, los fuegos de Cedeira y Pontedeume y los recientes fuegos del nombramiento de la Torre como patrimonio de la humanidad.