Dos islas en busca de protección

Hace diez años, la Xunta negó a las Lobeira y a las Sisargas la categoría de parque natural, y los intentos hechos desde entonces no han logrado que entren en ese club


La Costa da Morte, se sabe, es generosa en paisajes. Le sobran recursos naturales para convertirla en un destino turístico para quienes saben apreciar la belleza del entorno. Playas y acantilados están entre los preferidos, pero también hay secretos parajes interiores -desde montes y penedos hasta ríos y cascadas- que tiran de los ojos de vecinos y visitantes.

Hay también un importante atractivo, las islas, que muy pocos conocen. Las Sisargas en Malpica y las Lobeira en Corcubión son terrenos mágicos en los que anidan pájaros de distintas especies y en los que los fondos marinos gozan de una particular riqueza.

El próximo octubre se cumplirán diez años desde la primera vez que la Xunta dijo no a la inclusión de las dos islas en el Parque Nacional de las Illas Atlánticas, un selecto club al que sí pertenecen las Cíes, las Ons y la isla de Sálvora. A las de la Costa da Morte le han vetado la entrada.

El alcalde de Malpica, José Ramón Varela, explicaba recientemente que con las Sisargas el primer escollo es que son propiedad privada. Si el Estado o la Xunta no las compra, explicaba, poco se podría hacer.

En el caso de las Lobeira el titular de los terrenos es el Concello de Corcubión. Los nacionalistas intentaron meterlas en el parque en los años 90 sin conseguirlo. Volvió a la carga Rafael Mouzo en su última etapa al frente del Ayuntamiento, pero sus peticiones de entrevistarse con el entonces conselleiro de Medio Ambiente ni tan siquiera fueron atendidas. Y no hubo más gestiones.

El alcalde de Corcubión, Francisco Javier Lema, explica que su equipo de gobierno no ha realizado acción alguna para lograr esa categoría de protección para las islas, en parte porque no está demasiado de acuerdo con lo que implicaría para las Lobeira ser Parque Nacional. «Somos partidarios a medias, tal vez poderían entrar noutra normativa», dice. Y eso porque teme que la protección legal que implica el parque impida el uso que tradicionalmente se ha dado al archipiélago.

En las Lobeira era habitual ver tiendas de campaña instaladas allí por vecinos de la zona. También lo era -y lo es- que a ellas se dirijan personas del entorno a comer y a pasar el día. Es frecuente que habitantes de Cee, O Pindo, Ézaro y Corcubión que poseen embarcaciones se acerquen hasta allí en los días de verano. Eso sí, son prácticamente los únicos, porque no hay ningún tipo de transporte regular y público ni ninguna iniciativa para acercar los encantos del lugar a los visitantes.

La historia del raposo

Tal vez la protección de un Parque Nacional merme la capacidad de disfrute de algunos usuarios, pero lo cierto es que si estuviesen en esa situación, seguramente se hubiera podido evitar la historia del raposo.

Alguien a quien no le agradaba compartir el suelo con los pájaros que allí anidaban decidió hace tiempo acabar con el problema con métodos expeditivos, llevando un zorro hasta las Lobeira y dejándolo allí.

Especies como las gaviotas de distintos tipos y los cormoranes anidan en el suelo y hasta hace poco lo hacían allí. El alcalde de Corcubión, amante de la naturaleza, contó hasta cerca medio centenar de nidos entre los dos islotes. Hoy están vacíos, pero no porque la crisis de la vivienda llegara al mundo de las aves, sino porque el raposo se dio un festín a base de pollos y huevos al alcance de la mano.

La diversidad de la isla se vio mermada significativamente. Cierto que es más cómodo pasearse por allí sin arriesgarse a recibir el picotazo de una gaviota a la defensiva, pero es cierto también que quien esté interesado en conocer las costumbres de las distintas especies que allí anidaban tendrá que hacerlo a través de los libros.

A eso se le suma que aunque las islas suelen estar limpias, no siempre es así, y no es extraño encontrar restos de las barbacoas que algunos hacen en el entorno del puerto. Bolsas de plástico y botellas vacías son también elementos que se pueden encontrar en el islote, algo que sin duda se podría evitar con la vigilancia adecuada dentro de un Parque Nacional, que además se encargaría de promocionarlas.

Hasta ahora, la única entidad que realmente puso algún empeño en difundir la calidad paisajística de las Lobeira fue Neria. La entidad llevó hasta allí hace algunos años a buena parte de los alumnos de los colegio de la zona. Luego el programa quedó aparcado. Actualmente la asociación está interesada en recuperar el antiguo faro para nuevos usos culturales y científicos, pero la falta de fondos, como siempre, hace que las islas no tengan perspectiva de inversión alguna a corto y medio plazo.

Por ahora, la isla sigue siendo propiedad del raposo, aunque desde que acabó con huevos y aves debe de estar peor nutrido.

Paintball

Las Sisargas tampoco tienen un tratamiento más exquisito. A ellas se acerca quien puede y como en el archipiélago corcubionés, de vez en cuando se ven tiendas de campaña -actividad que está prohibida en los dos casos- y a visitantes a cuya buena voluntad se deja el cuidado del terreno. No hace demasiado tiempo un grupo de turistas convirtieron las Sisargas en un campo de batalla de paintball, para pasmo de las gaviotas que osaron quedarse allí esquivando bolas de pintura lanzadas a toda velocidad.

En las Sisargas, además, existen restos de elementos instalados allí a principios del siglo pasado para mejorar la seguriadad marítima, como una sirena similar a la de Fisterra, además de otras máquinas. Todos ellos se están deteriorando rápidamente sin que sean sometidos a ningún mantenimiento, cuando son piezas dignas de formar parte de un museo.

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