Los cursos para obtener la certificación que permite extraer este crustáceo cuelgan en la comarca el cartel de completo a pesar de la crisis que está atravesando el sector
13 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ni los bajos precios, ni el agotamiento que están mostrando desde el año pasado la mayor parte de los bancos del crustáceo más preciado de la costa gallega hacen que la gente pierda el interés por hacerse percebeiro. En la cofradía de Corme se imparte hasta el día 25 el curso para obtener el certificado oficial en esta profesión que otorga la Xunta de Galicia. Un requisito indispensable para optar a los permisos de extracción de esta especie que quedan vacantes en los pósitos. Las 30 plazas de la clase se cubrieron prácticamente de inmediato con alumnos llegados desde distintos puntos de la zona.
«Eu quero ser percebeiro para poder vender na lonxa», explica uno de los asistentes, quien reconoce que alguna vez ha ido al mar como furtivo. El perfil medio de los participantes en este curso es el de un hombre entre 20 y 35 años, muy vinculado a los oficios pesqueros, y que en la actualidad está en el paro. «A xente sabe que aínda que non haxa o mesmo percebe que noutras tempadas é un recurso moi fiable o que sempre lle podes quitar cartos», subraya el patrón mayor de Corme, Manuel Cousillas, quien añade: «Coa crise en terra hai poucas saídas». En este sentido, la profesora que imparte las clases, Paula Otero Poza, recalca que las listas para obtener este tipo de certificados están siempre completas. «Incluso hai xente que leva tempo esperando para poder facer o curso e que en canto sae nun sitio, desplazase ata ese lugar», afirma Otero Poza.
Por este motivo, en los pupitres de la cofradía de pescadores de Corme se sientan vecinos de A Coruña, Malpica, Camariñas, Baldaio, Corme...
Las mujeres
Aunque son minoría, también hay mujeres. En concreto cuatro. Ángela Souto está entre ellas. Es de A Coruña, pero se vino a vivir a Corme por su pareja. Él es percebeiro y asegura que nota la crisis. «Me dice que ya no hay tanto percebe como antes y además el precio es más bajo, por eso me decidí a echarle una mano», apunta Ángela Souto, quien no oculta el respeto que le tiene a esta profesión: «Más que miedo, el mar me impone mucho respeto. Pero no queda más remedio y si hace falta bajaré a las piedras».
Su caso es muy parecido al de Bibiana Suárez. Pertenece a una familia con tradición de percebeiros. Corren malos tiempos y sabe que puede ayudar.