Desde Baviera, con amor


Cuántas veces hemos hablado de los escritores de la comarca, ¿eh? Y las que nos quedan, espero. A la mayoría los situamos en nuestras fronteras, pero también los hay fuera. A Francisco Castiñeira Romar lo delatan sus apellidos. Sí, es de Laxe. De padres laxenses, porque, hijo de emigrantes, nació en Delémont, Suiza. Y se crió en A Coruña, más tarde vivió en Oviedo y desde hace tres años reside en Baviera, en el rico y hermoso estado del sur de Alemania. Primero en Passau, y ahora, en Regensburg, la ciudad que en en sur de Europa conocemos como Ratisbona, con un casco histórico que es Patrimonio de la Humanidad y donde confluye el Danubio con el Regen, el río más local y que da nombre al sitio.

Fran es técnico de laboratorio, y trabaja en uno genético. Y es, sobre todo, escritor. Véanse (si se puede) sus dos libros, Seica Chove, de Baía Edicións, año 2002, e Inventario de Nubes , que en nada saldrá al mercado en el sello Sotelo Blanco Edicións. Ambos, de relatos cortos. Tiene además una blog que les recomiendo: http://ningures.blogspot.com. Ha recibido ya varios premios por sus obras, y hasta recuerdo haberle visto algo en aquellas páginas literarias de La Voz, hará cinco o seis años.

Todo esto está muy bien, pero habrán notado que, de amor, no hemos hablado nada aún. Ni de frío, el que hacía ayer mientras se sacaba la foto. No creo que le moleste (más bien, al contrario) si les cuento que la mudanza a Baviera se debió al amor. Sí, eso que pasa. Podría haber ido en busca de la inspiración de Sebald o de Enzensberger, y no digo yo que no, pero el amor es un motor de arrastre más poderoso que las crecidas del Danubio. Y más hermoso, de paso.

Es una suerte hacer lo que te gusta y estar con quien quieres en el lugar elegido. Hay más tipos de suerte, y a ellas vamos. Por ejemplo, que te toque el cupón de la ONCE. Estamos en una comarca en la que toca mucho. Muchísimo. No sé si será por los minerales del subsuelo, por los santos y santas o porque se juega mucho. Incluso todo junto. Pero no pasa un mes o dos sin que nos enteremos de un nuevo premio en la zona.

El del viernes no es de los mediocres: 350.000 euros entre 10 cupones. Es decir, diez afortunados con 35.000 euros cada uno. O 70.000, si alguno se llevó dos. Un buen apaño para pagar las bombonas ahora que hace tanto frío, e incluso sobra algo para vicios.

La mitad de los cupones se vendieron en el bar Casa Vicente, en Orbellido (Baíñas). El que está en el cruce que tuerce hacia el embalse, ese que visita tanta gente cuanto está lleno, por lo bonito, y cuando está vacío, por lo llamativo. Su dueña, Carmen López López , se lamentaba de no haber pillado al menos un boleto. Y muchos clientes, lo mismo. Me consta. Los cinco que lo hicieron, felices. Lo curioso es que quedaron cinco por vender y se colocaron en Vimianzo, uno a uno. Lo hizo la vendedora, A melia Rodríguez Espasandín. ¡Quién lo supiera! Pero ahí está la gracia de la suerte, que no se sabe.

Arte, mucho, el que ofreció el guitarrista y cantante cántabro, ex Deltonos, Hendrik Rover . Pero suerte con el público, en su concierto del viernes en el Pazo da Cultura de Carballo, más bien poca. Digamos que había un aforo escaso. Estas cosas solo las compensa el amor por la música. Y el caché.

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