Dirige Aspaber desde hace 28 años, un trabajo que le encanta y en el que piensa retirarse tras media vida dedicada a él
03 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hay dos nombres en Carballo que están unidos. El de Dolores Fernández García y el de Aspaber. Llevan juntos 28 años, más de la mitad de la vida de una carballesa que no tiene dudas sobre el lugar que elige del municipio en el que vive.
Hay que coger el coche y desplazarse hasta allí. No es tan fácil como llegar andando al parque o a la plaza de al lado de casa. Pero nadie dijo que a Dolores Fernández le vayan las cosas fáciles. La cita es en A Brea, donde Aspaber, la asociación para la discapacidad mental que dirige, tiene su sede. Y es que se nota hablando con ella que su trabajo es su vida. O una gran parte, al menos.
Los comienzos no fueron en A Brea, sino en otro lugar de Carballo que recuerda con cariño. Aspaber echó a andar en un bajo del colegio Fogar. Entonces estaba ella sola con 12 usuarios. Llegó allí en noviembre de 1980. Un poco por casualidad. La asociación había nacido en 1976 y dos años después falleció su presidente, Manuel Pose Veiga. Hacía falta alguien urgentemente para seguir con su trabajo. Y la llamaron a ella. A Aspaber le ha dedicado buena parte de su vida. «Non estou para nada arrepentida», dice.
Y los inicios fueron duros. «Se había que facer unha xestión administrativa, ese día non había actividade no centro», recuerda. Estaba sola. Con los años y, sobre todo, con mucha lucha, la cosa cambió.
Más de 20 empleados
Ahora son 22 profesionales y están previstas dos nuevas incorporaciones. La asociación tiene 120 usuarios y el bajo del colegio Fogar dejó paso a algo diferente: un centro ocupacional, un dentro de día, una residencia y un centro especial de empleo.
Pero los logros no han cambiado la mentalidad de la directora de la entidad, que tiene claro que quiere seguir creciendo, adaptando los medios a cada una de las necesidades de sus usuarios: «A persoa é un mundo completo, e precisamos axuda en todos os sectores da súa vida», dice. Cuenta que Aspaber debe ser como una tela, intenta hacer con ella el vestido que va necesitando la persona en cada momento de su vida.
Entre los retos y proyectos pendientes, Dolores Fernández habla de retomar la vertiente educativa y de ampliar el centro de día. Ahora están mejor que hace dos década, «pero recursos nunca sobran».
De todos los años recorrido, lo mejor lo tiene claro: «O enriquecemento persoal que supón estar no mundo da minusvalía psíquica, con eles aprendín a compartir valores, forman parte de min, eles ensináronme moito, non eu a eles», dice. De hecho, piensa jubilarse en Aspaber, porque su trabajo le encanta: «Disfruto co meu traballo, e non todo o mundo pode decir o mesmo», asegura. Dice que no lo cambiaría por nada, aunque también tuvo momentos duros: «Sacrifiquei moitas horas dos meus fillos por Aspaber», cuenta. Pero lo más difícil ya pasó: «O difícil é chegar de cero a cinco, de cinco a dez xa non é tan complicado», afirma, aunque sostiene que, mantenerse, resulta también difícil.
Hoy, muchos usuarios de Aspaber han conseguido empleo gracias a la asociación. Esa integración laboral es uno de los aspectos de los que Dolores Fernández está más orgullosa: «É a punta do iceberg, pero non podemos esquecer outras cousas -dice- como o apoio familiar ou o ámbito educativo».
A lo largo de 28 años no solo cambió Aspaber, también la sociedad en la que se encuentra: «Estamos facendo que as persoas con discapacidade sexan visibles, que as miren como persoas, non como discapacitados», cuenta. Queda mucho por hacer, «pero xa non estamos como hai 28 anos, soidade tras soidade».
Cuando ella empezó no había en España profesionales en discapacidad psíquica. Actualmente, cuenta, hay cerca de 15.000 en todo el país. De todas maneras, no son los únicos que hacen falta: «Canta máis plantilla, máis apoio para os usuarios», dice. Así, hace falta quien enseñe un oficio o hace falta, en un centro como el de A Brea, contar con un informático y con muchos trabajadores más.
La comarca, explica, tiene unas características especiales, como la dispersión geográfica, que dificultan el trabajo. Tampoco hay el mismo grado de inserción laboral que en otros lugares, pero es que, dice, tampoco hay el mismo tejido industrial que la permita. De todos modos, Dolores Fernández prefiere no comparar lo que hay en Bergantiños con lo que se puede ver en otros sitios. Conoce experiencias distintas porque ha viajado para verlas. Lo que hay que hacer, dice, es aplicar determinadas experiencias. Cada lugar tiene sus peculiaridades.
Puestos a pedir, la directora de la entidad cree que hay sitio para más: «Para unha comarca tan grande un so centro é pouco», dice.
A base de pedir y de luchar, seguramente algún día habrá más centros de atención a discapacitados intelectuales en la Costa da Morte. Lo que también es seguro es que Dolores Fernández se quedará con su rincón de A Brea y no en otro. Hay amores que no se pueden dejar. Aspaber es el suyo.