Tras dos décadas de servicio, la escasa demanda ha propiciado la caída de una ruta clásica de la emigración
03 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El año pasado, más de 2.300 gallegos retornaron de Suiza. No hay cifras oficiales, pero no es exagerado afirmar que cerca de la mitad lo hicieron a la Costa da Morte. La mitad de los 65.000 españoles que aún residen en Suiza son gallegos; la mitad de esos 30.000, coruñeses, y aproximadamente la mitad, de la Costa da Morte en su sentido más amplio, incluyendo los límites xalleiros.
Buena parte de este descenso, que sigue la línea de los últimos años, se debe a que muchos han optado por cobrar una pensión o cantidad a la que tenían derecho por sus prestaciones sociales durante toda una vida (o unos años) de trabajo. También, a que el tiempo pasa, la vida ha cambiado y los ciclos se van cerrando.
Uno de los efectos de este retorno es la caída de los viajeros de las líneas regulares. Entre ellas, la clásica de Cee-Vimianzo-Carballo-Suiza, en manos de Alsa desde hace al menos dos décadas, en algunos trayectos con Galisuis.
Desde ayer, la conexión con la Costa da Morte ha desaparecido. Tras más de dos décadas de servicio por las carreteras europeas, una de las líneas más peculiares de Galicia, que enlazaba tres días por semana, ida y vuelta, la Fisterra gallega con Ginebra, Berna, Basilea, Zúrich o Lausana, deja de estar operativa.
Una responsable de la empresa Viajes Atlántico de Cee, que lleva muchos años despachando estos billetes, explicaba ayer que la caída de viajeros ha sido muy grande en los últimos meses. «Aguantaba bien en el verano o en Navidad, pero ya no es lo que era». Había días en que hasta Cee llegaba de vuelta, o partía, un solo viajero. Un portavoz de Alsa señaló que, en estas condiciones, mantener una línea es prácticamente inviable. Así que, desde ahora, y salvo excepciones (por ejemplo, unos viajes comprometidos estos días y partidas de Vimianzo), el que quiera ir a Suiza en autocar deberá cogerlo en las estaciones de Santiago y A Coruña.
El viaje de las treinta horas de media (depende del destino) se queda en el recuerdo. De las salidas a las 6.30 de la mañana y la llegada en torno a las 16.00 (también depende) del día siguiente). A un precio de poco más de 200 euros ida y vuelta, cantidad atractiva que fue dinamitando los vuelos de bajo coste que, paradójicamente, también han ido a menos. Dos mil kilómetros de asfalto, pasajeros ya conocidos tras tantos años de ruta. Jubilados, familiares de emigrantes, retornados que acuden a sus revisiones médicas... De todo un poco, en el enlace viario de la Costa da Morte con el corazón europeo.
También en taxi
Pero, además del autocar, hay otras maneras de alcanzar Suiza por carretera. Una, la más habitual durante décadas, es el propio coche. Esta vía también ha ido a menos. La otra es en taxi.
Aunque suena extraño, no es infrecuente. Ángel Vázquez Posse, de Fornelos-Baio, lleva 22 años conectando la Costa da Morte con Suiza. Pese al bajón, «tremendo», de emigrantes, él sigue haciendo viajes de 4.000 kilómetros en total, 22 horas de media. En verano, uno por semana, y el resto del año, entre dos y tres cada mes. Tiene clientes fijos, de esos de toda la vida, y otros que conoce «porque isto é como unha cadea, uns vanlle falando aos outros e chámante».