El centro de Carballo tiene dos novias. La de toda la vida es la plaza de Galicia, antes del Generalísimo y mucho antes de la Libertad, aunque de la original solo se conserva la fuente inaugurada en el año 1900. Pero también le hace tilín la plaza del Concello, que, pese a ser más moderna, ha experimentado una transformación mucho más profunda en menos tiempo.
Entre la una y la otra, Carballo ha ido creando la base para poder convertirse en ciudad. La plaza del Concello es el epicentro de los servicios administrativos municipales, aunque en los últimos años se ha puesto en marcha desde el Ayuntamiento un plan de descentralización con el que se pretenden revitalizar también otros barrios.
Pero el centro es, sobre todo, la gran área comercial carballesa, en la que cientos de establecimientos y despachos profesionales integran un sector servicios que no deja de crecer, incluso a pesar de la crisis económica, y de extenderse a lo largo de toda la travesía, desde Vázquez de Parga hasta la calle Fomento, que es hoy otro de los centros de la actividad empresarial y símbolo del Carballo más moderno. La construcción de un nuevo edificio para el mercado municipal puede ser la pieza clave para que el comercio reciba el impulso definitivo, al que también debe contribuir la solución al problema de los aparcamientos. De hecho, el barrio podría estar perfectamente delimitado por la zona azul. Pero si los coches necesitan más espacio, los peatones también. La política de peatonalización de calles debe ir más allá de las rúas Coruña y Hórreo, igual que la creación de nuevos espacios para que las familias carballesas puedan disfrutar de su tiempo de ocio.
El centro de Carballo pudo ser un barrio histórico, pero la especulación urbanística lo impidió. A pesar de todo, aún queda parte del legado de las generaciones pasadas, tanto en la arquitectura como en símbolos tan pequeños como la palmera del jardín, casi centenaria.