Malos tiempos para el feirón

CARBALLO

07 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Hasta no hace muchos años, el feirón de Baio era una cita obligada para los vecinos de toda la zona, que aprovechaban los servicios especiales de transporte para ir a cobrar y echar un vistazo a los puestos. «Agora chegan no autobús, van á caixa de aforros e marchan», relata una visitante asidua.

El cambio de hábitos de la población ha jugado un papel decisivo en el declive no solo del mercado del primer martes de mes en Baio, sino también de muchos otros. Pero en este caso existen, además, otros factores que influyen negativamente.

Por una parte, destaca el estado de absoluto abandono del campo de la feria, en el que los pocos puestos que sobreviven a la ruina estaban ayer cerrados a cal y canto. El recinto es, además, un atentado contra las normativas de accesibilidad, ya no solo para personas con escasa movilidad, sino para cualquier peatón e incluso para los vehículos de los comerciantes, de manera que algunos han cambiado A Piroga por el mercadillo de los jueves en el centro de Vimianzo porque les resulta más cómodo.

La división tampoco ayuda. «Os de Baio queren a feira para Baio», apunta otra vecina. De manera que la avenida Vidal Ríos se ha convertido en la sede de un mercadillo semanal de poco éxito. Ayer había una docena de puestos, fundamentalmente de textil, calzado y complementos. Pero recorrerlos no resulta fácil ni seguro. Los mostradores se ubican a ambos lados de la calle -sus sitios están numerados-, pero ocupan todo el arcén, de manera que los peatones se ven obligados a pasear por los carriles para vehículos, algunos de los cuales pasan a más velocidad de la debida.

Tampoco es fácil transitar de un enclave a otro de la feria, desde Zas hasta Vimianzo y viceversa, porque el puente está pensado casi en exclusiva para los coches, y a los peatones les queda una acera estrecha que pide a gritos una ampliación.

Corren malos tiempos para el feirón de Baio. Pero la escasa afluencia de compradores y visitantes de los martes se compensa el tercer domingo de mes. «Ese é o día que hai que vir», nos echa en cara una feirante.