El debate sobre la materia prima de calidad para la gastronomía comarcal hace mucho que está superado. Son productos del mar y la tierra, de primera clase, que adquieren reconocimiento allende nuestras fronteras en citas estatales como De Gusto y otras similares. Con los restaurantes todo avance es poco, pero no hay ninguna duda de que los hay. La oferta se ha ampliado en variedad y calidad, surgen establecimientos impensables hace un lustro (con precios también impensables, ya que estamos) y las estrellas o soles de las guías van iluminando sin rubor el camino de la restauración local.
No nos olvidemos de los cocineros de la zona que reciben premios, para completar este panorama en el que no es oro todo lo que reluce, pero sí se percibe ambiente de mejora, ineludible para una zona de vocación turística.
No solo hay mejoras por la banda comercial. También la hay por la particular. Por la de entidades o personas que participan en cursos para mejorar la técnica a base de práctica. Y con temarios que van mucho más allá de lo que veíamos a finales de los noventa.
Ejemplos hay, no diré que a decenas, pero sí a puñados. Por ejemplo, en Entrecruces, donde la asociación de vecinos Fonte Salgueira (que preside Xosé Luis Vieites ) organiza, junto con Xóvenes Agricultores y con la colaboración del Concello de Carballo, un curso de treinta horas (tres por jornada, diez días laborables de dos semanas) de clases muy específicas sobre, por ejemplo, postres o comidas especiales. Todo muy preparado, con batas blancas para los alumnos (todos dados de alta en la seguridad social) y material de nivel. Reciben las clases por las noches, en la planta alta de la escuela unitaria, en la que, a las pocas horas, un grupo de críos recibirá otras clases bien distintas. El caso es aprender, qué más da la altura.
También es muy específico el curso de cocina que se lleva a cabo en Muxía: Tapas, pinchos e canapés , así se llama. Aquí, el título no ofrece dudas sobre el contenido de las clases. Organizado por el Concello y la Asociación de Empresarios de Hostelería de Santiago, el encargado de la docencia es José Luis Pereira , de la asociación santiaguesa. La inauguración fue el lunes, en el restaurante El Riojano. Si no recuerdo mal, la presentación había sido en febrero, con presencia de autoridades como la edila Amparo Baña ; la técnico Mariann Sambad o el presidente de la asociación compostelana, Jesús Sordo . Fue su momento. Ahora empieza el de los alumnos, a preparar buenas tapas, pinchos y canapés. Para un ágape, por ejemplo. Como dicen los Tonechos, no es más que un piscolabis. Entre A Coruña y Malpica. De los cursos, a los que ya saben mucho de qué va esto. A los que han pasado toda su vida atendiendo tras la barra o junto a una mesa. Me cuenta los datos mi colega Rodri García , de la Redacción de A Coruña. Va sobre Manuel Pose Castro , un malpicán de Barizo que el día que cumplía 65 años echó la reja al Arenal, un emblemático local de Cuatro Caminos de A Coruña. Los cumplió el sábado, y el domingo un hijo lo invitó a comer para celebrarlo. No era cualquier cosa esa comida más o menos discreta, tranquila y familiar. Atrás quedaban 16 años al frente del Arenal, un local famoso, entre otros motivos, porque no cerraba nunca, pero antes habían sido bares en la Ciudad Vieja, en A Gaiteira y en la propia Malpica, de la que salió hace ya mucho.
Pues esa comida tranquila fue en realidad una sorpresa muy agradable. Ocurrió en el restaurante Nauta, en las cercanías del castillo de San Antón -que guarda tantos objetos arqueológicos descubiertos en la Costa da Morte, por otro lado-.
Entró en el comedor acompañado del hijo y en ese momento empezó a sonar la música de los gaiteiros y a escucharse el aplauso de los 70 invitados. El bueno de Manuel se emocionó y no paró de darle gracias a todos. A sus familiares, a los amigos. Jugadores de fútbol sala, hosteleros, pescadores, un cliente y viejo conocido que se desplazó desde Luarca, en Asturias, para la ocasión...
No acabaron ahí las sorpresas, porque también le regalaron un billete de avión para Montevideo. Allá, en la capital uruguaya, como tantos y tantos bergantiñáns, fue emigrante hace años. Ahora volverá, pero mirará aquello con otros ojos.