Una clase entre barro

CARBALLO

Dos alfareros de Buño explicaron los entresijos de su profesión a los chiquillos del colegio de A Picota, en Mazaricos

17 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

De sobra es conocida la afición de los más pequeños de la casa, muy a pesar de sus madres, de jugar sobre el fango hasta ponerse completamente perdidos de suciedad. En esta ocasión, la utilización del barro estaba perfectamente justificada en A Picota (Mazaricos) y hasta contaba con el beneplácito de los profesores del colegio de educación infantil y primaria de la localidad. Precisamente, fueron los docentes los que organizaron, para regocijo de los pequeños, una demostración de alfarería en vivo, en la que todos pudieron participar de forma activa.

El centro que dirige María Dolores Otero Romero logró que se desplazaran hasta Mazaricos a dos veteranos alfareros de Malpica, con el fin de que los chiquillos pudieran conocer de primera mano los orígenes de esta práctica milenaria y de paso permitirles hacer sus pinitos sobre el torno de trabajo.

Los hermanos Julio y José Cambre, de la alfarería Os de Laura de Buño, fueron los encargados de enseñar a los pequeños los entresijos de una profesión que, tal y como señaló con tristeza el primero de ellos, «está desaparecendo precisamente porque non hai rapaces que se interesen en aprender para poder mantela viva».

Los oleiros, que llevan más de diez años recorriendo Galicia con esta llamativa iniciativa, explicaron todo el proceso que sigue el barro desde su extracción en el campo hasta su cocción en hornos de leña, en los que la temperatura llega a superar los mil grados.

Aunque, como era de esperar, la mayoría de las preguntas planteadas por los escolares giraron en torno al moldeado de las piezas y a los distintos tipos de vasijas que se pueden sacar de un simple trozo de arcilla.

Tras las explicaciones técnicas, llegó el momento de ponerse manos a la obra y, enfundados en unos improvisados delantales de plástico para evitar machas difíciles, los escolares intentaron, con éxito dispar, dar forma a un sencillo recipiente que solo pudo salir del torno con la ayuda de los especialistas. ? «Vendo como o facía Julio parecía doado, pero non o é, porque resulta moi difícil ir repartindo o barro na mesma cantidade por toda a peza», precisó Melany Martínez, una de las primeras en atreverse a echar el pie a la rueda que gira el torno.

De lo que no cabe duda es de que los chiquillos pusieron empeño y esfuerzo.