Si les cuento que el vimiancés Jesús Manuel Roget Barrientos se jubila seguro que muchos de los que le conocen se sorprenderán. Sí está hecho un chaval, un toro, pero se jubila. Sorprende, pero no tanto si les cuento, como él me contó ayer que empezó a trabajar en Banesto cuando solo tenía 15 años. Un crío que en 1975 empezó como botones en la oficina de Vimianzo y que la abandonó entre 1980 y 1997 para abrir y poner a andar la de Zas. Después volvió a la oficina en la que empezó siendo un niño.
Echen cuentas, 50 años (un chaval) y 33 al pie del cañón, escalando puestos hasta llegar a convertirse en el apoderado de la entidad. ¿No creen que se merece ya un descanso? «Soy un veterano de guerra», me decía ayer con humor justo después de la comida que le ofrecieron sus compañeros. Una comida que se celebró en el restaurante El Castillo y que, por cierto, se alargó hasta casi la hora de la cena. Jesús lo merecía, como merecía los regalos que le hicieron los que compartieron años de trabajo y sobre todo de amistad: un plato de cerámica con motivos de Vimianzo y una Harley Davison hecha con alambres. «Preciosa», aseguró.
Le gustó la moto porque Roget es muy «motero». Tanto es así, que confía en que la buena salud le siga acompañando como hasta ahora para poder disfrutar de las dos ruedas. Antes, insiste, estará la familia. «Acabo unha etapa e empezo outra dedicado á familia, porque foron moitas horas no traballo e nas que os descuidei», dice Jesús, quien asegura que echará mucho de menos «aos compañeiros, aos clientes e aos moitos amigos que fixen durante estos anos».
Se va con una mezcla de tristeza y alegría, pero seguro de que la oficina vimiancesa de Banesto queda en buenas manos. Las de Ana Cereijo y Martina Barreiro , «moito máis guapas ca min», bromea el ya jubilado.
Otro trabajador incansable es el presidente de la Asociación Galega de Turismo Rural, Luciano Sánchez , natural de Buño, donde tiene una casa rural (Casa de Laxe), pero residente desde hace muchos años en Ourense, donde también regenta negocios de hostelería. Precisamente ayer estaba en Ourense, concretamente en Xantar, el Salón Galego de Gastronomía e Turismo. En la feria, a la que ayer asistió una comitiva carballesa encabezada por el concejal de Promoción Económica, Xosé Manuel Guillín , estuvo muy presente Bergantiños. El pan de Carballo y las patatas de Coristanco, así como los paisajes de Malpica dejaron boquiabiertos a muchos de los presentes. No es de extrañar, porque por aquí hay muchas cosas que se hacen bien.
Un ejemplo de las cosas bien hechas: el Forno do Forte de Buño, que ayer visitó el ministro de Cultura, César Antonio Molina . Y le gustó, claro. Le gustó como le gusta a todos los que ya lo han visitado, porque el conjunto etnográfico es de los mejores de Galicia, incluso de España. Y lo es gracias al intenso trabajo que ha realizado durante todos estos años el director del complejo, Francisco Doval , a quien además da gusto escucharlo. Se nota que le gusta lo que hace, que disfruta contando cómo se han ido recuperando las piezas que se pueden ver en el museo y que le encanta que la gente lo pase bien haciendo sus pinitos en el torno del oleiro. Ha conseguido -con el apoyo de la Diputación y del Concello- recuperar una joya y eso merece que, por lo menos, se lo reconozcamos en esta página.