El tema tiene su historia, y les aseguro que es muy difícil de resumir en pocas líneas. Y eso que se trata solo de calzado, ¡pero vaya calzado! Ayer, en la presentación pública en la plaza del Concello de Carballo, me entregaron un dossier informativo más grande que el que algunos concesionarios dan cuando se compra un coche.
Por partes. El producto se llama Masai Barefoot Technology (MBT, calzado fisiológico), que viene siendo la «tecnología del pie descalzo de los Masai», ese pueblo que vive entre Kenia y Tanzania. El tema viene de principios de los noventa, cuando un ingeniero biomecánico suizo descubrió que los miembros de la tribu Masai no conocían ni los zapatos ni el dolor de espalda, y que existía una relación de causa-efecto entre ambos datos. Ellos caminan sin nada sobre superficies naturales, irregulares y blandas y activan toda una musculatura que al resto se les (nos) atrofia, por llevar zapatos convencionales y caminar sobre superficies duras. Esa fue la espoleta del asunto. El ingeniero empezó a desarrollar una suela cuyo diseño, dice esta empresa, proporciona las mismas ventajas que caminar descalzo. tras muchas pruebas, en 1996 comenzó la producción en serie con la patente desde suiza (www.swissmasai.es) y ya se han vendido más de 20 millones de unidades en todo el mundo.
La clave está en la suela. Por lo que relatan, el uso de este calzado activa la musculatura que antes no se utilizaba, mejora la postura al andar y al estar de pie, tonifica y moldea el cuerpo, ayuda a combatir problemas de espalda, cadera, piernas y pies; ayuda con las lesiones de articulaciones, ligamentos y tendones, o reduce el impacto que reciben la articulaciones de rodillas y caderas. Casi nada. Tanta ventaja, ya lo intuirán, tiene su parte menos atractiva: el precio. Unos 200 euros. Aguanta lo suyo, unos cuatro millones de pasos, que dicho así son muchos. Si se estropea, es como con las ruedas del coche, que se cambia la suela. El que quiera, tiene una tabla de 199 ejercicios para trabajar el cuerpo. Ayer lo hicieron una treintena de personas bajo la dirección de la fisioterapeuta Cristina Sánchez . Este tipo de calzado, por si les interesa, se vende en la ortopedia Maciá, en Carballo. Otros puntos de venta en Galicia (de momento, muy pocos) son tiendas convencionales. Cuando se pone por primera vez, cuesta acostumbrarse. Luego, no. Tal y como está la base, uno tiende a mantenerse erguido, y el trabajo muscular lleva aparejadas agujetas, como en los años de la gimnasia. Todo sea para ir como los masai.
Del este de África, al Oeste. Son días. A veces tocamos Kosovo, Liechtenstein o Suiza, y otros África. La historia de José Brandón Ferreiro también tiene su interés. Natural de Sofán, lleva 23 años viajando por el mundo como encargado de instalaciones mecánicas. Fue, también, uno de los mejores porteros de la Costa da Morte, como contaba mi compañero Kiko Novoa no hace mucho.
José trabaja para Dragados y ahora participa en la construcción de un hospital en Angola. Y como no todo va a ser laborar, aprovechó, días atrás, para conocer el carnaval de Bocoio. Yo creo que la foto ya lo dice todo, y no me atrevo a preguntar si los que le acompañan iban así porque se disfrazaron o ya es costumbre en el lugar. Hay que ser prudente.