El ex alcalde de Coristanco, persona muy vinculada a Carballo, traumatólogo?de profesión, recuerda sus años políticos, a los que cree que no volverá
26 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Sin ser enterrador, que desde luego no lo es, es muy probable que Manuel Remuiñán Cancela sea la persona que ha visto, tocado y arreglado más huesos (y articulaciones) de los vecinos de la comarca de Bergantiños. Veterano traumatólogo que es, señala que en su vida profesional ha tratado a centenares de vecinos de la zona, tanto desde su puesto en el hospital Juan Canalejo de A Coruña, como en sus consultas en el ambulatorio de Carballo o en la práctica privada.
Así que se puede decir que Remuiñán conoce perfectamente el esqueleto de la comarca. Y es cierto en todos los sentidos. La que más se le conoce a él es la pública, la política, la administrativa. Más de diez años de alcalde, desde finales de los setenta, en los albores de la etapa democrática, hasta los inicios de los noventa, dan para eso y más. Fue alcalde socialista y diputado provincial, y fue, con otros regidores bergantiñáns, uno de los impulsores de la idea de comarca, al menos como se concibe ahora, porque Bergantiños es vino añejo y con solera. «Fomentamos o sentimento comarcal en moitos eidos. Todos os alcaldes tiñamos unha gran unión, con independencia da cor política. Pero isto xa viña de atrás. Lembro que aló polo 73 ou o 74, impedimos entre todos que fose unha celulosa para Ponteceso. Fora tremendo, ata saíra a nova en Radio Moscú, por atrevernos a dicir que non». Más tarde decidirían dar a Carballo, «por unanimidade», el título de capital de Bergantiños. Y, mucho más tarde, «tamén por unanimidade», reclamar y casi decidir que la autopista sería gratuita. Y, sí, al principio lo fue, pero el resto de la historia es conocida.
Manuel Cancela elige Ponte Lubiáns como su rincón favorito. Habría más, pero este es más especial: por su ubicación, entre Carballo y Coristanco; por su relevancia histórica, por el interés que mostró en su mandato en recuperarlo y limpiarlo, y porque también fue en su época cuando pasó a formar parte del escudo de Coristanco. Aún queda una razón más: por su amor a afición los puentes. «Gústanme moito, sobre todo os romanos. Son un lugar de paso, de transporte, de comunicación entre a xente, entre os pobos, de enlace de espazos. Isto ten validez ata a nivel filosófico», señala. ¿Puede significar esto que, más que de médico, la suya era una vocación de ingeniero de caminos? «No, ja, ja. Sempre me tirou a medicina, pero as pontes gústanme. Son as que, dende antigo, uniron á humanidade».
Ingeniero, no, pero caminos y carreteras construyó unas cuantas. No él, claro, sino la gestión que desarrolló durante sus años de gobierno. «Eu creo que maioría das estradas que hai por Coristanco son do meu tempo. ¡É que antes non había case nada! Tivemos que facer asfaltados, escolas, poñer alumeados. O presuposto era de tres millóns de pesetas ao principio. Eran outros tempos. Tan distintos, que ata os plenos eran abertos á xente, pese a que estaba prohibido», recuerda.
Remuiñán llegó a la política como otros, porque lo metieron otros: «Si, o curioso é que eu recomendáralle a outra que se puxese, vendo que había cousa que facer, por exemplo na miña parroquia, en Verdes, e ao final metéronme a min». Lo metieron incluso unos meses, en el 73. «E iso que lles avisei que eu non era do sistema, ao contrario. Meu avó foi republicano». Así fue empezando su aventura política. En las primeras elecciones democráticas logró 15 de 17 ediles. En las últimas a las que se presentó, solo tres. Está orgulloso del trabajo realizado, dice que sigue activamente la actualidad y actividad política de la zona, que le desasosiega el ambiente crispado de ciertos sectores, y afirma que no volverá, que su etapa terminó. Pero tiene claro que el poder es necesario: «Se queres facer algo na vida, tes que ter poder, iso está claro». Como epílogo, comenta: «Inxenuo de min, pensaba que ía cambiar o mundo, e ao final casi non cambiamos nin nós».