La comarca vivió la fiesta más triste del año

CARBALLO

02 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El de Todos los Santos es, sin duda, el festivo más triste del año. No hay cole, ni, en la mayoría de los casos, trabajo, pero la jornada transcurre sombría a pesar del sol, de cementerio en cementerio, de recuerdo en recuerdo. Es un día de lágrimas?-la mayoría, como las procesiones, por dentro- por los que se han ido y ya no volverán.

La de Todos los Santos es la celebración más triste del año, pero una fiesta con tantas flores no debería ser una fiesta triste. Los camposantos se llenaron ayer de ruido, el de las visitas, y de color, el de los ramos, que los vecinos de la Costa da Morte llevaron en procesión por las calles de toda la comarca. En algunos casos, como en el camposanto de Carballo, el olor a primavera chocaba con la fecha y chocaba también ver a tantos niños correteando entre los nichos mientras que el párroco, José García Gondar, recordaba a los que ya no estaban y aseguraba que la de Todos los Santos es una «celebración fermosa, emotiva e reconfortante».

Y mientras el sacerdote recitaba un triste poema, los visitantes más pequeños jugaban al escondite entre los panteones, porque los niños, que no entienden de fechas ni de pérdidas, son capaces de convertir un cementerio en florido campo de juegos. Ayer, que no había cole aunque no fuese sábado ni domingo, sí que era un día de fiesta para ellos. Una jornada de encuentro entre los que están y los que ya se han ido, pero también entre los que siguen aquí pero llevan mucho tiempo sin verse.? Por eso, mientras García Gondar rezaba por los fallecidos, los niños se reencontraban con primos y viejos amigos a los que hacía mucho que no veían -probablemente desde el último día de Todos los Santos- y se ponían al día. Lo mismo, ponerse al día, porque en demasiados casos no se veían desde el año pasado, hacían sus padres y abuelos, que iniciaban muchas conversaciones criticando el elevado precio de las flores y acababan hablando de las mejores anécdotas de aquellos que ya no están y ayer fueron a visitar con flores. Anécdotas que, en algunos casos, conseguían cambiar las lágrimas por risas tan contagiosas que hacían pensar que, al fin y al cabo, la de Todos los Santos no es una fiesta tan triste.