La abundancia de jabalíes contrasta con la merma que sufren los conejos a causa de la «peste»

La Voz

CARBALLO

30 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El lepus cuniculus, más conocido como conejo salvaje, es uno de los animales más sensibles a las enfermedades que sufren sus congéneres. La propagación de todo tipo de virus e infecciones se produce de una manera extremadamente fácil entre este tipo de animales.

Precisamente por este motivo las poblaciones se ven mermadas año tras año de manera alarmante por lo que en lenguaje coloquial se conoce como la «peste» de los conejos. Esta expresión engloba un sin fin de patologías que van desde la mixomatosis hasta los virus hemorrágicos.

En esta campaña, la incidencia está resultando especialmente elevada por lo que los esfuerzos de repoblación llevados a cabo por los diferentes tecores de la comarca, no consiguen invertir la tendencia recesiva en cuanto a número de ejemplares.

El problema se agraba si tenemos en cuenta que el conejo es la especie de caza tradicionalmente más abundante en la Costa da Morte y su repoblación, que no siempre garantiza resultados, resulta muy costosa, tal como afirman los presidentes de los cotos.

En cambio, las que si gozan de buena salud son las piaras de jabalíes que son cada vez más numerosas en los concellos de la zona. En la práctica totalidad de los tecores hay presencia de estos animales, que han visto facilitada su expansión gracias a la protección de la que han gozado durante los últimos años.

Su caza está regulada, de tal modo que cada asociación sólo puede abatir un número determinado de ejemplares por campaña. Además la generalización de las plantaciones de maíz como cultivo forrajero, han dotado de una reserva extra de alimento a una especie que se nutre fundamentalmente de raíces, tubérculos y frutos del bosque aunque, cuando esta clase de comida escasea, también puede subsistir a base de lombrices y pequeños roedores.

Entre el resto de los animales que se pueden cazar en la Costa da Morte destacan las liebres y las perdices, que aunque abundan en determinados momentos, no alcanzan las proporciones del conejo y en la mayoría de los casos no se trata de ejemplares autóctonos de crecimiento espontáneo sino que provienen de las repoblaciones de los últimos años.