Unos curiosos seres se mudan al paseo marítimo de Laxe

Laura Matabuena

CARBALLO

Unos variopintos individuos han fijado su residencia, hace ya algunos años, en el paseo marítimo de Laxe. El primero de ellos llegó allá por el 2003, un año después del hundimiento del Prestige . Su figura representa a aquellos voluntarios que colaboraron en la recogida de fuel.

A éste le siguieron otros no menos curiosos. En el 2005, por ejemplo, coincidiendo con el cuarto centenario de la primera edición de la obra cumbre de Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza, los célebres protagonistas de la obra, volvieron a cabalgar en sus monturas hasta llegar a Laxe. Allí cambiaron las llanuras manchegas por las playas de la Costa da Morte.

Pero no fueron los únicos. Una familia de marineros se desplazó, aparejos en mano, para ocupar un lugar destacado en dicha avenida, recordando a los viandantes uno de los oficios de más tradición en la zona.

Otros de los vecinos que pasaron a formar parte de esta peculiar comunidad fueron un hombre que acostumbra a recorrer la calle en un viejo velocípedo, otro concentrado siempre en las páginas de su libro, un guitarrista, un locuaz androide....

Salvador Gil, natural de la localidad, es el responsable de la llegada de toda esta troupe. Este autor ha querido llevar su afición por el trabajo del metal, heredada de su padre, que ejerció como herrero, un paso más allá, y la ha convertido en una manifestación artística. Con materiales de desecho, en su mayor parte, ha realizado una serie de esculturas metálicas que se han convertido en toda una atracción para los turistas.

La colocación se llevó a cabo con el beneplácito del Concello, que cedió el espacio. Gil puso los materiales y el talento. Así, toda una serie de personajes insólitos aguardan a los transeúntes en una de las travesías más concurridas de la villa.