carballo | Cuando llamaron por teléfono al periódico y aseguraron que en la carretera de Carballo a Malpica había un camello pensé que el interlocutor estaba sufriendo alucinaciones. O alucinaba o lo más aconsejable es que aparcase el coche a un lado y siguiese a pie su camino, porque, de encontrarse con un control de alcoholemia haría explotar el etilómetro. Insistió: «¡Hay un camello y un búfalo y una jirafa!». En su sangre, pensé, había algo más que alcohol.
La conselleira de Política Territorial, María José Caride, acababa de inaugurar la AC-418 y ya había cambiado la fauna de la zona. Sin embargo, ninguna de las autoridades asistentes al estreno había hecho referencia a ningún animal exótico. Ni camello, ni búfalo, ni jirafa. Pero el informador, utilizando el manos libres de su teléfono móvil, insistió: «¡El camello está rumiando y me mira!»
La fuente era fiable y, como pude comprobar más tarde, no mentía. A media tarde, junto a un local de hostelería de Buño, en una leira con el cartel de «se vende», pastaban un camello, una jirafa y un búfalo, que provocaban que todos los automovilistas aminorasen la velocidad para comprobar que lo que estaban viendo era cierto. Animales «salvajes» en pleno centro de Buño y muy cerca, una pequeña carpa y un minúsculo cartel que anunciaba la única función del Circo Francia -lleva 13 años en España- en «Buño».
A las nueve de la noche, aseguraba la nota, camellos, dromedarios, monos, serpientes, una jirafa, dos leones y una cría y otros exóticos animales desfilarían por la pista central -y única- del circo. Mientras tanto, los bichos disfrutaban, impasibles y para asombro de muchos, de la hierba malpicana, como si toda la vida hubiesen vivido en la Costa da Morte.