ARA SOLIS | O |

04 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EN DÍAS anteriores la voz de la calle barajaba cifras sobre el precio del voto. Muchas de ellas, claro está, no eran más que malintencionados pensamientos. Se decía por ahí que en un municipio de la Costa da Morte arreaban 400 euros por voto. Pero aquello fue mentira, más que nada porque si así fuera estoy seguro de que el sujeto al que apuntaban los maledicentes ostentaría en estos instantes un buen número de concejales. Mucho se ha escrito también sobre el precio del voto en Argentina. Las tarifas oscilan entre el más básico, que se consigue apalabrar a cambio de una ración de empanada y otra de churrasco, hasta el más completo, que se compraría por sacos, como las patatas, y que saldría por algo más, al contado y sin factura. Ahora corren otros rumores por las calles de los pueblos. Apagados los sones de la megafonía de campaña, las aceras se pueblan de murmullos millonarios. Si el voto es relativamente barato, el acta de concejal parece algo más cara. Los hay que hablan de que a cambio de un coche, un piso y algo de líquido para tapar agujeros, se puede apañar gobierno. Los hay también que cifran el asunto en bastante más. Dicen las malas lenguas que llegan a pagar hasta 600.000 euros por concejal. Pero está claro que siempre son personas de aviesas intenciones las que así hablan, amparadas en el anonimato, y que al limpio juego de la democracia, como a todo lo limpio, le salen lenguas sucias.