Mucho coche

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

07 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTOS DÍAS, el cielo de la Costa da Morte ha tenido que sufrir lo que se conoce como efecto invernadero. No es lo peor de la avalancha de visitantes que hemos tenido esta Semana Santa y que se ha traducido en largas colas por carreteras en obras o insuficientes para absorber la cantidad de tráfico a la que han sido sometidas desde el pasado jueves. Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea porque a veces se cumple. Siempre decimos que la Costa da Morte es un destino turístico, y así lo queremos hacer valer, pero cuando llega el momento de materializar la idea nos encontramos con largas colas, falta de estacionamiento y escasez de servicios. Es en estos días cuando la mala calidad de nuestras infraestructuras queda más al descubierto. En Corme se han cansado de pedir un cartel para que los turistas sepan cómo se llega a O Roncudo, el paraíso de los percebes, y han terminado por hacer un grafito para paliar la falta de indicaciones. En Coristanco consiguen visitantes a base de aburrirlos en las colas por los semáforos y en Malpica organizan recorridos en busca de inexistentes aparcamientos. Y, a pesar de todo ello, la Costa da Morte consigue gustar, atrapa a los visitantes con su magia y su frescura. Por ello, merece la pena seguir reclamando lo necesario para que la «aventura» de adentrarse en este territorio inhóspito para las Administraciones no termine por aburrir.