ARA SOLIS | O |

15 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

QUIÉN IBA a decir que pintar unas líneas blancas en la carreteras y bachear con asfalto dos o tres tramos salía tan caro. Pues sale. Y por un ojo de la cara. La AC-552 se lleva 1,5 millones de euros del erario público para retoques cosméticos. Por ahora, es lo más parecido que tenemos a una autovía. Lo que ya no se sabe con seguridad es quién es el encargado de pintarla. Quién hizo el proyecto. Uno podría pensar que se trata de un ingeniero con su título y sus diplomas, pero se especula con que la Xunta le encargase el trabajo a un artista. También es posible que por un error humano alguien cambiase los planos de carpeta y que nos estén pintando en la Costa da Morte las líneas de un trazado previsto, digamos, para la provincia de Cáceres. Dicen los que mandan que todo cambio es para bien y que los que hay incrementarán la seguridad. Seguro que es así. Ya no se puede adelantar casi en ningún sitio, no se puede girar para ningún lado y no se puede pisar el acelerador más que de pascuas en ramos. Sin duda, yendo a 50 hasta A Coruña tenemos garantizado que la siniestralidad se reducirá. Podían poner un límite de 50 también en la autopista. O mejor aún, prohibir los coches y permitir el paso sólo a bicicletas y carros de vacas. O ya puestos, ni eso. Todos a pie y sin prisas, que el estrés es malo para el corazón. Así es seguro que la carretera sería mucho más segura. También se podían aprovechar las pocas rectas que hay para hacer unas pistas de tenis o unas canchas de baloncesto. Hasta ahora uno pensaba que las carreteras servían para poder desplazarse de un lugar a otro con seguridad en el menor tiempo posible, pero parece que no. Aunque también puede ser una estrategia para acabar con la pérdida de población, porque tal y como están las cosas, hay que pensárselo mucho para coger el coche y emprender viaje.