ARA SOLIS | O |
24 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.UN VECINO DE la calle de la Estrella de Carballo acaba de ganarle al Ayuntamiento un pleito por la desidia municipal ante el ruido de la movida. Seguro que al hombre los 18.000 euros que el Concello tiene que entregarle por orden del Tribunal Superior no le compensaran el tormento que ha tenido que soportar en su propia casa para que los empresarios del sector se enriquezcan, los clientes se diviertan y los responsables municipales miren para otro lado. El caso es que lo hacían antes y lo hacen ahora, como si el derecho a dormir tranquilo en la propia casa se tuviera que ceder para el desarrollo de la hostelería local. Esta actitud no es, en absoluto, necesaria, porque los locales deben estar insonorizados y la policía y la Guardia Civil se han de ocupar de que la calle esté tranquila. En teoría, la hostelería puede convivir con el vecindario, pero la realidad lo niega. Hay que ponerse en la piel del que vive encima de uno de estos locales. Además de no poder dormir ha de soportar la falta de interés del Ayuntamiento, las peticiones de comprensión por parte de los responsables municipales y las quejas de los empresarios porque se les controlan los horarios de cierre. Y mientras tanto, el vecino que además de no pegar ojo tiene que encontrarse todas las mañanas de sábado y domingo con los restos (mejor no entrar en detalles) de la movida nocturna. La sentencia del Tribunal Superior debería ser sólo la primera de una larga lista de denuncias, porque el caso de Carballo no es único y no se circunscribe a la calle de la Estrella. Las fiestas de San Juan son un horror para los vecinos afectados, al igual que otros saraos que la mayoría disfrutamos y que una minoría debe sufrir sin ningún tipo de contraprestación. Hay que valorar más el silencio y la tranquilidad. Los magistrados comienzan a ponerle precio.