Mojar el anzuelo

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

17 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

AL BUEN pescador de caña le gusta pasar el día con sus artilugios persiguiendo sus peces. Que si chivo, que si miñoca, que si rapala. Las hay, y muchos, que se pasan por la Costa da Morte a mojar el anzuelo. Los peces, ya se sabe, ha hecho célebre a la zona. Son muchos los vecinos que se ríen de los señores de las cañas. Al fin y al cabo, de todos es sabido que el mejor modo de pescar una lubina no es a base de varear, algo muy cansado. Para eso lo aconsejable es dejar la playa sembrada de palos con anzuelos y cebos. Dos o tres horas mojando el labio en el bar y pescado fresco sin ningún esfuerzo. Los que van con caña, también saben que en verano tienen menos boletos. No porque escasee la pesca, sino porque el buen tiempo azuza a muchos ranas de gatillo fácil a fusilar víctimas natatorias y limpiar los fondos de escamas con técnicas del salvaje Oeste. Los ranas, ya se sabe, también se ríen del de la caña. Como también lo hacen aquellos que, conocedores de la costa, ponen unas redes, que más parecen cancelas, cerrando ensenadas para barrer con ellas todo lo que se parezca a una forma de vida. Por eso, pescador legal que has pagado tu licencia y te tomas como deporte tu aficion, cada vez tendrás más difícil llevarte a casa tu faneca. Los hay incluso que, en su furor mental, pedían que se prohibiera a los de las cañas mojar el anzuelo para que no escapara ni un lorcho de las garras de los que, en teoría, viven del mar. Si un día el pescador de caña no han pescado nada y se marcha, anocheciendo, abatido a tomar algo en un bar, al menos tiene una opción para llevarse a casa de recuerdo algunos kilos de pescado. Que espera en el puerto a que regresen las lanchas que, con potentes focos, se han llevado de calle medio banco de xardas y medio de calamares. Ello sí saben pescar, y no esos aficionados.