ARA SOLIS | O |

16 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

SI EN la Costa da Morte se cumpliesen todos los anuncios y promesas hechos durante los últimos cinco años, esto sería Jauja y Canarias sólo un destino de vacaciones. Desde el accidente del Prestige se dijeron muchas cosas. En estos mismos momentos, si las palabras tuviesen el don de transformarse en su contenido, ustedes podrían atravesar la Costa da Morte por una autovía libre de peaje. Además, también tendrían la posibilidad de instalar sus empresas en uno de los once polígonos industriales que desde hace dos años deberían estar trabajando a todo gas en la comarca. Y digo a todo gas porque precisamente eso, el gas, lo prometió solemnemente un señor conselleiro bien adobado de aplausos. A tales cosas habría que añadirles los planes de fomento de la calidad turística y las inversiones para mejoras formativas y laborales. Todo eso quedó en el aire porque el nuevo Gobierno iba a superarlo con creces con otro plan distinto. Ustedes mismos podrán comprobar el nivel de avances en el último lustro: la AC-552 ha sido satisfactoriamente bacheada y repintada; la mejora turística salta a la vista, todo el mundo sabe que en la zona ya funciona un parador, etcétera; la formación para evitar la emigración también ha dado sus frutos: hay unos cuantos obradoiros de empleo para cobrar como efímero albañil, luego, con esa experiencia, es más fácil encontrar chollo en Canarias. Tantos han sido los cambios que desde el 2002 no hemos dejado de perder unos mil vecinos por año. El urbanismo, también se sabe, ha mejorado mucho para dicha de quienes buscan la excelencia turística, baste echar un vistazo a la recta de la Anchoa, en Fisterra. Por todo ello, permítanme que dude cuando cuentan que nos van a poner a todo correr tres puertos deportivos. Si las palabras fueran como la comida, ya estaríamos hartos.