La viuda de Finisterre quiere que el homenaje se posponga

María Herrero considera que «las circunstancias han cambiado» El alcalde aún no ha hablado con ella, aunque su intención era la de mantener las fechas


la voz | carballo

?l homenaje a Alejandro Finisterre, fallecido el viernes en su casa de Zamora a los 87 años, tal vez tenga que esperar. Todo estaba encarrilado, aunque no organizado, de momento: iba a celebrarse en Semana Santa. La petición surgió de la comisión que quiere homenajear a Cipriano Fernández. Hablaron con los grupos políticos y hubo acuerdo. El proceso estaba en marcha. Pero la salud de Alejandro Campos Ramírez (éste era su nombre real), ajena al proceso, no le permitirá ya regresar a su tierra natal para convertirse en Fillo Predilecto, además de recibir la Medalla del Ayuntamiento. Aun así, el alcalde, José Manuel Traba, señalaba ayer que, en principio, sus intenciones no han variado. Ahora, a título póstumo. Pero las condicionó a lo que digan el resto de grupos, la comisión y la propia viuda.La viuda es la cantante lírica María Herrero Palacios, y ayer habló con esta Redacción. Muy cauta y amable, señaló al respecto: «Creo que esto habrá que paralizarlo un poquito, dejarlo para más adelante, porque las circunstancias han cambiado». Para Semana Santa, definitivamente, no. Ella, y otros familiares y amigos, tal vez se decida a venir por Fisterra en las próximas semanas a esparcir las cenizas del que fue su marido, «como era su voluntad». Será, no obstante, una ceremonia «íntima, privada». Sin publicidad ni fotos para el recuerdo. María Herrero, emocionada y muy firme, tuvo tiempo ayer para evocar brevemente a su compañero durante más de tres décadas: «Era una persona tocada por la vara del universo. Muy noble. Rebelde ante las injusticias, justiciero, humano. Muy neutral. Muy fuerte. Y muy generoso, porque ayudó a muchísima gente». Muchos no pueden decir lo mismo al revés: el universal invento del futbolín no le generó ni un duro, y el patrimonio logrado en Guatemala se lo llevaron. Terminó su vida, «muy lúdico», en un modesto piso de Zamora, tras una estancia en Aranda de Duero, Burgos. Desde estas tierras castellanas muchas veces evocó su pasado gallego, pese a que los Campos procedían precisamente de Zamora. Hablaba, sobre todo, de A Coruña, que fue donde pasó su infancia y adolescencia, más que sobre Fisterra, donde pasó los cinco primeros años de su vida. «Hablaba mucho de su origen gallego, sobre todo», recuerda su viuda. María Herrero también relató su último acto oficial en Galicia, que fue el último de su vida. Fue en Santiago, entre los días 13 y 17 de diciembre pasado, en un encuentro internacional de escritores organizado por el PEN Clube, que preside Luis G. Tosar y del que forma parte el fisterrán Modesto Fraga Moure. Viajó a Galicia en ambulancia, acompañado de su esposa. Leyó el discurso inaugural, improvisó en la casa natal de Valle Inclán. Departió con Nélida Piñón, con Freixanes, con Ferrín. Con Pacheco, un mexicano al que él había editado en su etapa en la nación azteca. Estaba en su ambiente. Fue, también, una especie de homenaje. El último, por ahora.

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