ARA SOLIS | O |
25 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.AHORA QUE suceden cosas asombrosas en la civilizada Inglaterra, tal haya que liberar de algo de culpa a los vecinos de Camariñas. Todos recordarán aquellos dulces días en los que los vecinos se toparon con un yate de lujo, el Art, varado en las rocas. Como caído del cielo. Las gentes acudieron a él como los hambrientos a los sacos de trigo. Quien más y quien menos se llevó medio queso, una botella de detergente, unas bisagras o unas molduras. O lo que fuera, que el pobre quedó despellejado como un Rolls en un paraíso de chabolas. Ahora resulta que la barbarie local no es exclusiva de nuestras costas, y que los ricos ingleses también gozan con ella. Al parecer, saquear los restos del MSC Napoli se ha convertido en la mejor forma de llenar el tiempo de ocio de los vecinos sajones. Pero es que hasta en eso es injusto el mundo con la Costa da Morte. Los británicos se vieron sorprendidos por una lluvia de contenedores llenitos de cajas de vino e incluso de motos BMW nuevecitas del paquete. En vez de ir al concesionario, allí se van a la playa, y malo será que con un buen manguerazo y un poco de taller la máquina no arranque. Aquí lo que cae son botes de leche condensada o naranjas, como si fuésemos los escogidos por la operación kilolitro. Pensará la providencia a la hora del reparto que los pobres no necesitan riqueza, sino comida, y de ahí las distintas asignaciones. Hasta en los naufragios hay clases. Con algo de suerte el próximo pecio de destripar puede llegarnos cargado de lentejas, o de aceite, aunque no sea de oliva. Para entonces naufragarán frente a Nueva York o Barcelona cargueros llenos de cajas de caviar beluga o de las mejores añadas de Château D'Yquem. Y así el mundo prosigue su curso, cumpliéndose una vez más esa ley inexorable: dinero llama a dinero. Porque a cada uno le toca siempre lo suyo. ¿Para quién serían entonces los fardos?