ARA SOLIS | O |

22 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL MARISCO gallego pasa por ser el más sabroso y el de más calidad de España. Para muchos, no lo hay igual en el mundo. Esa fama, empresarialmente hablando, es un privilegio. No haría falta mucho esfuerzo para conseguir que con esa marca de calidad el mar se convirtiese en algo más razonable de lo que es. Esa fama, con todo, hay que cuidarla. Hay empresas que han conseguido convertir sus productos en referencia de lujo y calidad. Pasa con los coches. Ahora imagínese que acude usted con sus millones al concesionario a comprar el coche de sus sueños. -Se lleva usted el mejor coche que hay. -Y seguro que no me fallará nunca. -Bueno, puede que le pierda algo de aceite. -Pero no será muy grave. -No hombre. Ahora que el depósito también le va algo picado. -Pero si es el más caro... -No se preocupe. Bueno, piense también que la correa de distribución no le durará mucho... Está claro que ese famoso coche de sus sueños pronto dejará de serlo. Será muy bonito, pero no funciona. Transfiera el mensaje al marisco gallego. -¿Y estas almejas son gallegas? -Y de las mejores. -Póngame dos kilos. -Vale, pero no coma muchas, que van un poco altas de hidrocarburos. -No será para tanto. -No, si no se abusa. Y lo mismo le digo con el plomo. -¿Pero no son gallegas? -Sí, y muy caras. Pero cuídese también, que tienen más cadmio que una mina. -Oiga, ¿pero qué me está dando? -Lo mejor de lo mejor. De la ría. Ojo también con las bacterias de las aguas fecales. Por lo demás, exquisitas. Pues eso, que las fábricas son cosa de sus propietarios, pero las rías son de todos. La fama también se puede perder.