Los hosteleros de la comarca creen que la ley antitabaco es un estorbo

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Un año después de su entrada en vigor, en la mayoría de los locales está permitido fumar Los empresarios que no cumplan la normativa pueden ser multados hasta con 10.000 euros

10 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

La ley antitabaco acaba de cumplir un año y los hosteleros de la Costa da Morte ya se han hecho una opinión clara sobre ella. Salvo escasas excepciones, la mayoría asegura que la normativa no les ha supuesto más que «quebradeiros de cabeza» y simplemente se resignan a aceptarla. La práctica totalidad de los establecimientos de la comarca menores de cien metros cuadrados han optado por permitir fumar en sus instalaciones y muy pocos de los que superan esta superficie han hecho las reformas necesarias. De hecho, simplemente han establecido dos zonas, una de fumadores y otra de no fumadores, separadas, en el mejor de los casos, por una mampara. Según reconoció ayer en Radio Voz el presidente de los hosteleros de Bergantiños, Manuel Gómez Eiroa, «xa houbo sancións por non ter ben delimitadas as zonas porque os locais son moi difíciles de reformar». La multa en estos casos oscila entre los 600 y los 10.000 euros. En opinión de Manuel Gómez, la ley antitabaco «é un tostón, tanto para o empresarioscomo para o cliente». Sobre todo, asegura, la nueva disposición que entró en vigor el pasado día 1 y que obliga a los bares a instalar un sistema de control remoto en las máquinas expendedoras de cigarrillos para evitar que los menores accedan libremente a las máquinas y compren tabaco. De esta forma, la máquina permanece inactiva y cuando alguien quiere comprar una cajetilla debe dirigirse a la barra para que el camarero le active el dispositivo a través del mando a distancia. De todas formas, en opinión de Manuel Gómez Eiroa, la medida sólo supone una traba más para los hosteleros, porque «sempre haberá quen colla tabaco para os menores». Se queja, además, de que los inspectores sólo aceptan los mandos homologados, que cuestan entre 125 y 225 euros y que muchos bares no han podido instalar todavía el sistema porque las empresas responsables de las máquinas expendedoras se encuentran saturadas. «O día 1 foi un caos para os que xa tiñamos o mando, porque había moitísima xente nos bares e tiñas que estar sempre pendente, é un verdadeiro incordio», explica el propietario de un bar de Carballo, que, como otros de sus compañeros, se está planteando, directamente, retirar la máquina de tabaco. «Non compensa, cada vez poñen máis trabas e nós non podemos estar facendo cambios continuamente», se queja. El que ya la ha sacado es el hostelero larachés Alberto Pazos, quien ha optado por retirar la máquina expendedora porque sus empleados no podían estar continuamente pendientes de darle al botón. En general, asegura que los clientes «son moi respetuosos», ya que no fuman allí donde no está permitido -hacerlo les supondría una multa de entre 30 y 600 euros, en función de la reincidencia-. Asegura que la normativa ha supuesto «un gran transtorno» para los grandes establecimientos hosteleros, aunque él no tiene constancia de que los inspectores hayan visitado su local. En cualquier caso, señala que «é moi difícil ser policía dos clientes». «Non serei eu o que recrimine ao público de fumar onde non debe», aseguró Pazos.