ARA SOLIS | O |
09 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.TAN SIGILOSOS como siempre han venido otro año más los Reyes Magos, visitando casa por casa a todos los habitantes de la Costa da Morte. Aunque hemos sido -y siguen siendo- muchos los niños que tratábamos de no quedarnos dormidos esperando su llegada para poder verlos, de momento no se tiene constancia de que ninguno lo haya conseguido, a pesar de que por la tarde son más bien bulliciosos en las cabalgatas con carrozas que recorren las calles de cualquier pueblo. Y es que deben ser sumamente cuidadosos, además de extremadamente hábiles, porque consiguen bajar por angostas chimeneas cargados de regalos sin tan siquiera mancharse con un poco de hollín. Es más, consiguen entrar incluso aunque no haya chimenea. Así, después de que cada niño les escribiese días antes su carta, en la que seguro que enumeraba un sinfín de juguetes convencido de haberse portado bien y de que no se levantará a la mañana siguiente con la sorpresa de haber recibido sólo carbón, los Reyes Magos suelen cumplir sus deseos. Porque, aunque todos nos apuntamos también a Papá Noel, nadie quiere renunciar al regalo de los Reyes Magos. Al ritmo que avanzan las nuevas tecnologías, lo extraño es que no dispongan ya de página web para poder hacer los pedidos, o al menos poder sustituir la tradicional carta por un correo electrónico. Así podemos aprovechar las tradiciones por lo menos hasta que sean sustituidas por otras más modernas, que no necesariamente mejores. Si no, ¿qué ha sido de las postales navideñas? Para beneficio de las compañías operadoras de telefonía móvil, han sido sustituidos por sms. No hay más que mirar los mensajes que hemos mandado y recibido en Fin de Año. Por lo demás, a estas alturas ya no quedan más rastros de la Navidad que una maltrecha economía y los pinos adornados aún sin guardar.