ARA SOLIS | O |
02 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.MIENTRAS QUE ardían los montes de Corme, la cuadrilla antiincendios del Concello Ponteceso fue enviada a Vimianzo para luchar contra el fuego. Y después a Santa Comba, manguera en mano para salvar los árboles del municipio. Desvestir un santo para vestir otro, vamos. Un despropósito en toda regla el que vivieron el pasado mes de agosto y que ha provocado que los grupos políticos pontecesáns se unan para reclamar más medios. El objetivo es que el próximo verano no vuelvan a ser los labradores los que se encarguen de poner coto a las llamas. Que una cosa es que todos arrimen el hombro y otra muy distinta es que los responsables de turno piensen que la lucha contra los incendios tenga que ser un sálvese quien pueda. No sé si es cuestión o no de abrir una comisión investigadora, de pedir que rueden cabezas o exigir dimisiones. Lo que sí tengo claro es que no es de recibo que las cuadrillas carezcan de medios, que no tengan transmisores para comunicarse entre ellos y que sea el propio Ayuntamiento el que les facilite, en el mejor de los casos, un teléfono móvil. Es alucinante que este año no haya habido un puesto de vigilancia en el Monte Faro y que, una vez más, los caminos forestales estuviesen intransitables. Y es de juzgado de guardia que después de mandar a los hombres de Ponteceso a apagar otros fuegos, los responsables de la lucha contra los incendios mandasen una cuadrilla desde Fene, porque, sorpresa, confundieron Ponteceso con Pontecesures. Los refuerzos llegaron, claro, dos horas y media después, cuando lo único que podían haber hecho era recoger cenizas. Algo me dice que todo este cúmulo de despropósitos se vivió en más municipios, donde hoy se llora porque los montes están hechos un desastre. Y algo me dice que el próximo año pasará lo mismo.