Jekyll y Hyde

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

BERRO SECO

30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

POCOS PODÍAN pensar que el regato que lleva años lamiendo mansamente las laderas de Ameixenda, en Cee, tuviera tan mala leche. El bueno del riachuelo decidió emular al Amazonas o al Orinoco y convertirse en el protagonista fluvial de la Costa da Morte al menos por unas horas. No sólo arrasó a su paso las carreteras y pistas del pueblo, sino que, como su cauce le quedó pequeño, se construyó otro sobre la marcha, arrancó metros y metros de asfalto, arrastró piedras y árboles y, para rematar la faena, les dejó a los vecinos, de recuerdo, una playa de tierra en la que no se sabe si crecerán nabizas o berberechos o ambas cosas. Ayer el bueno del río volvía a discurrir amable entre las casas de sus vecinos. Eso sí, ahora lo miran de otra manera y le empiezan a tener respeto. Saben, además, que a nada que se cabree les monta otra. Porque a nadie se le ha ocurrido ponerle barreras, claro.