BERRO SECO
28 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.CUALQUIERA QUE ayer se haya dejado caer por la Costa da Morte sin saber lo que pasó en los últimos tiempos hubiera sido incapaz de intuirlo. El último eco del verano se llevó los vapores de las inundaciones y el olor a humo es ya parte del pasado. La gente paseaba por la calle y un manto de helechos alegraba de verde los montes, ocultando las cenizas del suelo como haría una tirita con una quemadura de tercer grado. Por momentos la zona volvía a ofrecer destellos del paraíso. El visitante se hubiera tomado a broma el catálogo de catástrofes recientes: miles de hectáreas achicharradas, Cee convertida en Nueva Orleáns una vez a la semana, el marisco de la ría formando parte del pasado y un buen número de rocas en las que aún se ven las cicatrices del Prestige. La verdad es que la Costa da Morte tiene una asombrosa capacidad de recuperación. O de ocultar sus heridas.