?mparo Casares Gallego puso el dedo en la llaga de la Costa da Morte. Y lo hizo con imágenes. Para ello eligió uno de los pueblos de la comarca que considera como paradigma de los errores urbanísticos comunes a este territorio. En primer lugar destacó la riqueza del paisaje del enclave y sus aspectos positivos, para, a continuación, ir señalando cada uno de los desastres cometidos como consecuencia de lo que Estévez llamaría después el «segundo inmobiliarismo». Además de las transgresiones diversas y de la mezca de viviendas rurales con las urbanas, Amparo Casares mostró los problemas de escala, el uso de materiales inadecuados, los vuelos, los bajos comerciales vacíos e inútiles y acabó preguntándose: «¿Qué sentido tiene esto aquí? ¿Podría haber sido de otra manera?» Es más detectó sinrazones como que los niños del colegio de Caión puedan seguir los enterramientos y rituales fúnebres desde una posición privilegiada. Arturo Franco Taboada, también profesor de la Escuela de Arquitectura, criticó también los «verdaderos desastres» de Caión que acababa de ver y centró su discurso en la sostenibilidad y en la factura medioambiental del urbanismo. «El lujo es enemigo de la sostenibilidad», dijo. Es necesario tener en cuenta el coste medioambiental de la producción de los elementos necesarios para una construcción. Acabó apuntando que los ayuntamientos y las inmobiliarias son los que se están poniendo de acuerdo para programar la ocupación del suelo.