El parador

| X. AMEIXEIRAS |

CARBALLO

LA Costa da Morte soñaba con un parador, que se está convirtiendo en una pesadilla gracias a los sucesivos proyectos de Presupuestos Generales del Estado. Lo anunciaron en época de contestación popular animada por el hedor a chapapote inmundo. El Gobierno, embriagado por el vapor que desprendía el hidrocarburo, lo prometió a toda prisa y a pie de helicóptero. Debió volar tan alto la promesa que aún no han podido rescatarla del limbo de los tiempos por los ocupantes del banco azul de la Carrera de San Jerónimo. El parador parado. La promesa eterna que se va alargando en el tiempo. Mientras, en el solar de Lourido crecen las xestas y alguna vaca de la reserva pasta mansa y plácidamente con un ojo puesto en el Atlántico infinito. Y, entretanto, el Ejecutivo sigue rebañándole millones hasta dejarlo diluido en la nada, hasta que el Fisterra se olvide de que un día iba a tener un parador.