ARA SOLIS | O |

04 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEVO VARIOS días riéndome de una historia que leí en un blog, una de esas páginas web personales en las que su autor escribe sobre lo que le da la gana. Sobre la Costa da Morte hay varios, algunos bastante buenos y otros, como siempre, muy malos. En el que me hizo tanta gracia hablan de un alcalde de la comarca. Cuentan una historia y dan tantos detalles que me atrevería a decir que es algo más que un rumor, aunque tal y como funcionan estas páginas es también posible que todo sea mentira. El caso es que el blog en cuestión ponen patas arriba la vida privada de un regidor local y da tantos detalles que, de ser ciertos, dejarían alucinados incluso a los miembros de la oposición. Es una lástima -y también una cobardía- que el autor de esa historia tan escabrosa no se identifique. Sobre todo porque si el texto llega a manos del alcalde en cuestión, éste no sabrá a quién tirar de las orejas o, como mínimo, pegarle cuatro gritos. El protagonista de ese rumor sin confirmar no podrá, si así lo desea, defenderse, salvo que ponga una denuncia oficial o envíe un correo electrónico a la dirección que consta en el blog. Un email que, por otra parte, nadie sabe a dónde llegará. La única suerte que seguramente tenga este mandatario municipal es que la web de la que hablo apenas tiene lectores -el contador de visitas no llega a los tres dígitos-, por lo que es muy difícil que alguien, salvo el autor, yo y otros cuatro gatos, tenga conocimiento de tan ridícula historia. En el fondo envidio al autor del texto, porque dice aquello que otros no nos atrevemos, más que nada porque quedaría muy poco profesional llenar las noticias de cotilleos, rumores y chascarrillos -aunque ganas no faltan-. En cualquier caso, yo tampoco les daría mucha importancia, porque, en el fondo, poca verosimilitud tiene una noticia cuyo autor se esconde detrás de un seudónimo. Cuando den la cara, lo creeré.