ARA SOLIS | O |
03 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SON CARAS, ruidosas y peligrosas, y aun así, no hay fiesta que se precie que no comience con las dichosas bombas de palenque. Cañonazos de pólvora que ensucian el cielo y que ya han causado más de un desagradable accidente. Pero ahí siguen. Dando la lata y rompiendo tímpanos. Juro que no entiendo por qué gustan tanto. No sé qué gracia le ven los organizadores de las fiestas veraniegas. Sólo sirven para molestar, para despertar a los que se han acostado tarde y para asustar a los niños y a los animales, que sufren como nadie esos cohetes que erróneamente llamamos bombas, porque las bombas caen, no suben, como éstos. No sé exactamente cuánto tendrán que desembolsar las comisiones para llenar de pólvora las mañanas de fiesta, pero, sean cuanto sea, se me ocurren mil formas mejores de gastar los cuartos. Actividades para niños, por ejemplo. O más bandas de música y gaiteiros, que siempre es más agradable que te despierten con un pasodoble y una muiñeira que con esos desagradables petardos. O, si lo que se quiere es dar ganancias a las pirotecnias, lo ideal sería gastarse el dinero en fuegos artificiales, que por lo menos son vistosos y, si me apuran, hasta bonitos. Pero no. Aquí estamos empeñados en tirar pedos de pólvora al aire. Cuantos más, mejor. Cada vez estoy más convencida de que las comisiones prefieren no tener orquesta antes que no tener bombas de palenque. Que los vecinos serían capaces de linchar a los organizadores si el día del patrón -o patrona- no comienza con una traca y miles de varas cayendo quién sabe dónde y sabe Dios sobre qué.? Para aquellos que como yo no soporten el bum, bum, bum, tómenselo con calma, porque este verano las fiestas, como siempre, comenzarán con una buena sesión de pólvora. Como si entrásemos en guerra. Aunque aquí, afortunadamente, no habrá muertos.