ARA SOLIS | O |

02 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«LA COSTA da Morte es preciosa. Si la encuentras, claro», bromeaba hace unos días un amigo madrileño después de una excursión por la comarca. Él, reconocía, tuvo la suerte de visitar los lugares más emblemáticos acompañado por amigos de la zona, lo que le permitió relajarse, acomodarse en el asiento del copiloto y disfrutar del paisaje -donde era disfrutable, claro, no allí donde prolifera los vertederos incontrolados y las casas horribles y sin terminar-. Quienes lo llevábamos sabíamos a dónde íbamos y por dónde llegar, por lo que el viaje se hizo rápido y sin contratiempos. Pero no le hubiese pasado lo mismo si fuese solo. Lo primero, porque en Madrid es difícil encontrar una guía turística en condiciones y en Internet hay tantas referencias a la Costa da Morte, pero tan pocas buenas, que es difícil liarse sin antes haber llegado a la comarca. Lo peor es que cuando llegan los visitantes, las señales, cuando las hay, son tan malas -o son pequeñas, o están rotas o pintarrajeadas, o dan lugar a equívocos-, que es muy fácil que no lleguen a donde quieren llegar. Ahora que vuelve a estar de moda eso de promocionar turísticamente la Costa da Morte, eso de potenciar el turismo de calidad, y eso de convertir la comarca en un referente a nivel mundial, quizás sea el momento de que todas las Administraciones y entidades se unan para lograr una señalización uniforme y, sobre todo, clara. Sólo así conseguiremos que los turistas aprovechen su tiempo y se vayan contentos de la zona, que lleguen a su destino sin ponerse de mal humor y sin tener que preguntar cada dos por tres. A ver si se dan cuenta de que muchos lugares no se visitan porque no es imposible saber dónde están. «Claro que tal vez el encanto de la zona esté precisamente en lo que cuesta encontrarla», concluía con humor mi amigo. Tal vez, pero lo dudo.