Una enorme grúa participaba ayer en el desguace de parte de las instalaciones En la planta no quedan empleados y el futuro destino del solar se ignora
25 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.En los astilleros Sicar, en Cee, no se echó oficialmente el cierre ni jamás se hizo público cuál sería el futuro de una empresa bien conocida en la localidad, pero la falta de actividad de los últimos meses evidenciaba lo que ayer se pudo ver a simple vista. Una grúa comenzó a desmantelar parte de las instalaciones, en las que ya no prestaba servicio ningún empleado. La Sicar fue, mientras duró en activo, el astillero más grande la Costa da Morte. Propiedad de la familia Castro-Rial, construyó embarcaciones mercantes desde los años 60, después de haberlo hecho antes en madera. El último barco que se botó en sus instalaciones data de 1994. Desde entonces los encargos comenzaron a decaer, tal vez por la feroz competencia a que el sector tuvo que hacer frente en España con la entrada en el mercado de los astilleros asiáticos. Por la razón que sea, la Sicar deja de funcionar. La familia jamás ha informado de sus intenciones sobre el astillero, situado casi en el casco urbano y ocupando una buena parte de la ría. La superficie en la que antes se construían barcos forma parte ahora de una oferta de convenio inmobiliario realizada por la promotora familiar al Concello de Cee. En esa misma zona hay una gran superficie de suelo urbano propiedad de los Castro-Rial. Si se construye en ellos, el Ayuntamiento podría conseguir hacerse con el viejo astillero. Lo que aún no está claro es qué se podría hacer en él si todo sale según los planes del convenio. Se barajan distintas hipótesis aunque no hay nada firme. El lugar podrían ocuparlo desde un hotel hasta instalaciones náuticas de un futuro puerto deportivo. Para conocer su futuro habrá que esperar a que finalicen la tramitación del plan general de ordenación municipal de Cee, donde se le dará cabida a las propuestas realizadas por los particulares que se ajusten a la legalidad. Para que esto suceda todavía han de pasar diferentes trámites. En primer lugar, la empresa redactora deber terminar su propuesta, que será examinada después por la comisión de urbanismo y, una vez corregida o matizada, aprobada inicialmente en pleno para ser remitida a la Xunta, que tendrá la última palabra sobre el documento regulador.