El precio mínimo

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

06 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LO QUE le pasa a los productores de leche es una consecuencia directa de ese libre mercado establecido en Europa que cualquier día le puede pasar la misma factura a otras profesiones. Lo que demandan desde el campo parece justo. Es razonable regular un precio mínimo para garantizar una calidad de vida a miles de personas. Lo malo es que también sería interesante que se fijaran precios para otras cosas con la misma justicia. Por ejemplo para el suelo y la vivienda, regulando unas alzas incontroladas que repercuten en el bolsillo de todos. Además, también sería deseable que se impidiera la subida de la gasolina o de los peajes. Lo malo del asunto es que en la política económica europea los tiros no van por ahí, sino todo lo contrario. Por eso, a largo plazo, los ganaderos lo tienen crudo, como cruda está la vida para mucha gente en la comarca, a donde no llegan los beneficios de Europa.