El pazo de Caión

| A. MARTÍNEZ |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

27 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PAZO de Caión da pena. A las ventanas de lo que en su día fue una imponente residencia no asoma ahora más que la maleza, que intenta abrirse un hueco hacia el exterior, entre las tablas, como intentando escapar de la ruina inminente. El tejado se desploma y la piedra de la majestuosa fachada, que ahora sólo se intuye, ni siquiera luce al fondo de la plaza que el señorial edificio comparte con la iglesia y con algunas de las viviendas más antiguas de la villa marinera. El pazo da pena. Sobre todo ahora que Caión ofrece uno de los senderos peatonales más agradables de la Costa da Morte, que el puerto mantiene su encanto natural y que el verano invita a refrescarse en las aguas de As Salseiras. Un pazo convenientemente acondicionado podría ser el complemento perfecto para uno de los destinos turísticos de la comarca, siempre y cuando se actúe antes de que el deterioro acabe por destruirlo.