ARA SOLIS | O |

17 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NOS GUSTE o no, pobres los hay en todas partes. Lo mejor, supongo que piensan algunos, sería esconderlos, meterlos a todos en una especie de zulo o poblado cerrado por una inmensa valla para que no hiriesen sensibilidades y que no saliesen jamás en el periódico. Ocurrió ayer. Hubo vecinos de Malpica a los que no les gustó que en La Voz saliese publicada una foto de una familia sin recursos. Una señora que aseguró estar «muy indignada» insistió en que en Malpica no había pobres, que todos los vecinos eran muy trabajadores. No lo pongo en duda. Incluso estaría dispuesta a poner la mano en el fuego y asegurar que los malpicáns son muy trabajadores y muy responsables y todo los adjetivos buenos que puedan imaginar. Lo demuestran día a día y yo lo veo, así que, ¿por qué negarlo? Pero, aunque nos duela, el ser muy trabajadores no es sinónimo de vivir en la abundancia. Desgraciadamente, hay gente que trabaja mucho y no gana lo que merece, o no encuentra un empleo, o su jefe le tima, o su vida ha dado tantas vueltas y su día a día está tan lleno de problemas que poco importa lo que esté ganando. Ver a un pobre siempre duele -si se tiene corazón, claro-, quizás por eso haya gente que antes que constatar lo que ocurre a su alrededor prefiere indignarse -anónimamente, claro, que es más fácil-, dar cuatro gritos amparados en el teléfono y negar la evidencia. La gente de Malpica, insisto, es muy trabajadora, pero eso no impide que, por circunstancias de la vida o por lo que sea, haya gente que malviva con muy pocos ingresos mensuales. Eso es lo que se contaba en el reportaje. Nos guste o no, en todas partes, en todos los pueblos, aldeas y ciudades hay pobres. Claro que siempre es más fácil mirarse al ombligo y negar la evidencia. O meterlos en un zulo o en un poblado y encerrarlos con una valla. Vivir sin ver sí que es indignante.