Reportaje | Los avatares de una lancha de Salvamento La embarcación, que prestó servicio en Fisterra durante un cuarto de siglo, está varada en las radas de la Sicar, en Cee, a la espera de acabar sus días en un museo
20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La Ara Solis aún no descansa en paz. Hace dos años la condenaron al desguace, pero su historia la salvó de tan triste final, como ella salvó, durante casi 25 años, a decenas de marineros. El indulto le cayó hace dos años. La pequeña y antigua lancha de la Cruz Roja, que llevaba un tiempo inservible, fondeada en el puerto fisterrán, tomó rumbo a Cee, a los astilleros de la Sicar. La fundación Castro Rial, propietaria del museo marítimo Seno de Corcubión y de los astilleros ceenses, pensó en destinar la nave a las salas de exposiciones. La adquirió por un precio simbólico y se la llevó a Cee para prepararla para su destino final. Han pasado dos años y la nave sigue en el mismo sitio. Enrique Castro, uno de los propietarios de la empresa, no avanzó mucho sobre su futuro: «Está a la espera de traslado», dijo. Tampoco habló del de la propia Sicar, un emblema de la industria de la Costa da Morte. En el astillero no hay actividad desde hace meses. Tampoco plantilla suficiente para hacer trabajos navales. Dice Castro que el futuro de la empresa es un «asunto interno», pero en la localidad los vecinos se preguntan qué pasará con el astillero más importante de la Costa da Morte. En sus instalaciones un viejo remolcador comparte soledad con la Ara Solis, y hace ya mucho tiempo que no se deja ver uno de los barcos más conocido de la naviera, el Mallorquín , que fue durante años parte del paisaje que veían desde sus ventanas ceenses y corcubioneses. Un esplendor común Parece que el futuro de la Ara Solis está en cierto sentido ligado al del astillero en el que descansa. Y tiene todas las trazas de que esa lancha será el último buque que abandone un lugar del que el último barco nuevo zarpó hace 12 años. Pero ese futuro incierto está cimentado sobre un esplendor común. El astillero ceense nació en los años 60 y se convirtió en una industria pujante en la zona. Antes de la empresa familiar construyó barcos de madera. De aquella etapa quedan restos que conforman parte de los fondos del museo de la fundación familiar. También la Ara Solis vivió tiempos mejores. Mientras la Sicar construía barcos nuevos y reparaba otros en mal estado, la lancha de la Cruz Roja, la única en la zona, se dedicaba a salvar náufragos y a remolcar a puerto embarcaciones averiadas. La lancha, de 17 metros de eslora, se construyó en Bilbao en 1979. En la zona prestó ayuda en los naufragios más célebres, como el del Cason . En el 2001 sus motores dejaron de funcionar y quedó fondeada, durante años, en el puerto de Fisterra, convertida en improvisado almacén de nasas e instrumentos. En el 2004 Sasemar, titular de la nave, decidió jubilarla. En la comarca se luchó entonces porque la nave se quedara en la zona como homenaje a su trabajo. Desde entonces aguarda en la Sicar a que le llegue la hora de convertirse en pieza de museo. Su futuro parece claro, mucho más que el del astillero.