Perfil | Javier Losada El presidente de Emalcsa se mueve como pez en el agua. Sus fieles dicen que triunfará porque «lleva 23 años ensayando el papel». Es la mano derecha e izquierda de Vázquez
10 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Se ha tenido que tragar algunos sapos. Le han caído bofetadas y ha puesto la otra mejilla. Ha sido el malo de la película, el apagafuegos, el delfín, el hombre en la sombra, el actor secundario. Ahora, 28 años después de su debut en política con las Juventudes Obreras Católicas y un cuarto de siglo después de afiliarse al PSOE -lo hizo tras el intento de golpe de Estado de Tejero-, ha llegado el momento político de su vida. Javier Losada de Azpiazu (plaza del Humor, 1955) empezó siendo la mano derecha de Francisco Vázquez y acabó siendo su mano izquierda, reuniéndose con los líderes de la oposición, con los afectados de su Carmel particular (el Papagayo) o con los vecinos de Mesoiro. Le ha tocado roer muchos huesos duros. Concejal desde 1983 -entró de 14, por los pelos- ocupó prácticamente todas las carteras, salvo la de Fiestas. Recibió el premio Muro de los periodistas coruñeses, por borde, y tiempo después el Cristal por lo contrario. El agua, del grifo De las cuentas municipales sabe un rato largo -se pasó trece años diseñando el presupuesto- y de calidades del agua otro poco. En el bar y en el restaurante la pide siempre del grifo: «No es por tacaño, es porque tenemos la mejor agua de traída de España», tuvo que aclarar más de una vez. Preside Emalcsa y habla de la Casa del Agua, que inaugurará de alcalde, como de una hija. Losada, que saluda a todo el mundo con el prefijo ciudadano o ciudadana, tiene su centro del mundo en la plaza de María Pita. Allí despacha como concejal de Urbanismo, allí se encuentra su casa de toda la vida y allí tiene también uno de sus restaurantes -Pablo Gallego- favoritos. Casado desde 1979, tiene dos hijos (un chico y una chica) y un padre que, probablemente, es de los más famosos de A Coruña: fue el primer coruñés con perro lazarillo y su representación en bronce se puede contemplar en Cuatro Caminos. Con él se le puede ver a veces pasear cogido del ganchete. También con su mujer, Elena. Además, presume de «padre demócrata»: bromeó cuando uno de sus hijos colgó del balcón, a tiro de piedra de la alcaldía, la enseña de Nunca Máis. Algunos, por su físico -si no fuera político, pasaría desapercibido- lo confunden con Pérez-Rubalcaba. El próximo alcalde de A Coruña lee. Pasa de Mankell a Camillieri y de Fuentes a Orejudo. Recita de memoria poemas de Gabriel Celaya, fuma buenos puros sin, que se sepa, engancharse a la nicotina, y tiene un hándicap de golf para fardar con los amigos. Además de futuro regidor, Losada es médico. Lo es desde 1979, y lo ha seguido siendo muchas tardes en el hospital Modelo, dice que «para matar el gusanillo». Y recalca: «Sin cobrar un duro». Su especialidad es la anestesia. El reto Algunos ya se han apresurado a decir que le saldrán enemigos entre sus propias filas, aunque Vázquez le ha cedido sin matices la corona. Sus posibles rivales ya están colocados: Méndez es conselleiro y Moreda preside la Diputación. Ahora le quedan 15 meses para demostrar que es caballo ganador. Actos públicos, y alguna mano que otra desde muy cerca de la Santa Sede, no le van a faltar. En su contra tiene que es menos carismático que Vázquez: no es precisamente un encantador de serpientes. En su favor, su inteligencia, su orden mental y su experiencia en la cosa pública. Y como a Vázquez, no le tiembla el pulso. A él se debe la pax romana -se silenció a los críticos- que viven los socialistas coruñeses; y fue A Coruña la única ciudad gallega donde el PSOE ganó en las autonómicas. Losada, frustrado cantante de coro en los Salesianos, tiene el reto de suceder a Vázquez. Como Joan Clos, también anestesista, tuvo el reto de suceder a Maragall, o Sánchez Bugallo el de suceder a Estévez. Sus potenciales rivales, Tello, Negreira..., ven el cielo abierto y se frotan las manos. Él también sonríe. De naturaleza optimista, está seguro de que, trabajando como siempre, puede conseguir una victoria como nunca.