Perfil | Luis Enrique Vicente Sánchez Le gustan el jazz, leer y ver el mar. Su mujer trabaja en atención primaria. «Las negociaciones para incorporarme al Canalejo fueron rápidas porque es un destino apetecible», dice Vicente
14 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Las opiniones sobre Luis Enrique Vicente Sánchez (Ferrol, 1951) varían en función del interlocutor elegido. Del amplio crisol de objetivos, todos coinciden en uno para el que es ya el nuevo director gerente del Juan Canalejo: trabajador. En la Consellería de Sanidade prefiere elogiarse su experiencia -más de dos décadas en el sector- y capacidad de gestión, algo inherente a un licenciado en Ciencias Económicas que ha tenido que sufrir los rigores presupuestarios de administraciones políticas de distinto signo. Para los suyos, Luis Luis, como es conocido por sus colaboradores más cercanos, presume de ser una persona hogareña, con aficiones poco extravagantes. Está casado con una médico de atención primaria junto a la que pasó los tres años de su especialización en Santander y tiene dos hijos, uno de 18 años y otros de 25 años, licenciado en Xornalismo por la Universidad de Santiago y que está estudiando Sociología en Barcelona. Llegó a la administración pública autonómica de la mano del PP. Fue José Manuel Romay Beccaría el que en su época de conselleiro de Sanidade (junto a su ya entonces colaborador más estrecho, Alberto Núñez Feijoo) le reclamó desde su puesto de subdirector general del Insalud -el ente previo al Sergas-para dirigir el hospital de Lugo. Corría 1994. Cuatro años más tarde, con los mismos protagonistas ocupando puestos de responsabilidad en el Ministerio de Sanidad, aceptó el reto de dar el salto al complejo hospitalario de Salamanca, donde ha permanecido los últimos años y en el que ha conseguido, entre otros retos, consolidar su unidad de cirugía torácica como una de las punteras en España. Tras conocerse el cese de Jesús Caramés en A Coruña, las negociaciones con Luis Vicente Sánchez se consumaron de forma vertiginosa. «Es cierto que fueron unas conversaciones que se desarrollaron de forma rápida y sencilla. Pero es que se trata de un destino muy apetecible por lo que tiene de vuelta a casa. Pesaron mucho tanto los factores personales como los profesionales», asegura. Y es que este ferrolano de nacimiento presume siempre que puede de gallego. Más que de ferrolano, «porque soy de los que piensa que los localismos son un mal propio del siglo XIX que sería mejor erradicar por completo. Salir fuera siempre es bueno para enriquecerse y aprender, y los gallegos en eso siempre hemos sido unos pioneros». La distancia no evita que cada lunes mire en la clasificación de los periódicos el resultado de su Racing de Ferrol. «De pequeño iba al Inferniño con mi padre. Murió hace poco y era uno de los veinte socios más antiguos», cuenta. De paso, mira también lo que hicieron el Celta y el Dépor, «porque, aunque no me gusta mucho el fútbol, en Salamanca daba mucho juego en las conversaciones». Sus deportes favoritos son el balonmano y el atletismo, especialmente las carreras de medio fondo. «No practico ninguno. Y eso que mis tres hermanos han estado federados en alguna especialidad», asegura. Le gusta la música, especialmente el jazz, come de todo, excepto el hígado de cerdo, aunque prefiere el pescado, no fuma y acaba de descubrir la magia de la poesía del argentino Juan Gelma, aunque comparte su lectura con El espejo del mar , de Conrad. «Soy dialogante, pero a veces hay que tomar decisiones y eso no siempre gusta a los demás», se autodefine.