PASABA POR AQUÍ
02 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LOS JUECES, de cuando en cuando, no deben dar crédito a lo que les llega. Ellos, que en teoría están para otras cosas, dedican un buen porcentaje de su tiempo de trabajo a dirimir disputas que nunca deberían haber salido del ámbito de la política local y de la discusión y la capacidad de raciocinio de las partes. La gente se entiende hablando. Y la justicia no está ahí para arreglar todo lo que no se consigue con palabras. Siempre hay una forma mejor que ante el juez. No porque no sean buenos en su trabajo -algunos y algunas son excelentes- sino por lo que implica haber llegado allí. Verse en un juzgado significa reconocer que uno no es capaz, con sus propios medios, de arreglar ciertos problemas. Y hablo de esos problemas que todo el mundo conoce, de esos pelillos que parecen bien fáciles de afeitar cuando nacen, pero que algunos se empeñan en dejar crecer hasta convertirse en una selva.